miércoles, 20 de enero de 2016

"El último magnate" de Francis Scott Fitzgerald





"El último magnate" es el canto del cisne de Francis Scott Fitzgerald. Comenzó a escribirlo en septiembre de 1939 y lo hizo como una manera de sentirse vivo después de una serie de desgracias familiares, personales y económicas que lo habían estado zarandeando durante los últimos tiempos. No hubo suerte, sin embargo. Fitzgerald murió en 1940 y la novela quedó sin terminar. Una obra inacabada es un cajón de objetos desordenados que, inesperadamente, quedan a merced de alguien que no es su dueño. En este caso los objetos se recompusieron de alguna forma usando las anotaciones que el escritor había dejado preparadas. Edmund Wilson, que se ocupó de editarla al año siguiente de la muerte de Fitzgerald, la subtituló así "Una novela inacabada". La edición que ahora releo es, precisamente, la que reproduce con fidelidad esta versión publicada en 1941 por Charles Scribner´s y que la editorial Burguesa, en su colección Narradores de Hoy, sacó a la luz en 1981. 

Resulta de gran interés el prólogo de Edmund Wilson, pues detalla exactamente hasta dónde llegó el escritor con el texto y cómo la novela que se edita es un borrador, cuyas notas se incluyen en la edición pero que no fue cribado porque se lo impidió su muerte repentina. El texto conserva todo lo que el artista pensaba decir, pero no ha sido revisado ni retocado. No obstante, se lee con fluidez y se aprecia la calidad literaria de Fitzgerald, su estilo y su madurez creativa y personal. En "El último magnate" como dice Wilson, lo que importan no son las fastuosas celebraciones, las fiestas, las juergas y el brillo de los años de derroche que sus personajes viven, sino el mundo de los negocios desde dentro y, sobre todo, la vida en los estudios cinematográficos. 

Porque es una novela sobre el cine, sobre la industria del cine, observada de cerca, radiografiada, completamente desmenuzada y llena de detalles que se presentan con la agudeza de ingenio del autor y también con inteligencia y con rapidez de reflejos. El protagonista es un tipo excepcional, un omnipotente productor pletórico de energía, con sus propias ideas que pretende llevar a cabo y con un amor por el cine desmesurado, como deberían tener todos los que manejan dinero en esta industria. La figura del productor está basada en la de Irving Thalberg, a quien Fitzgerald había conocido en Hollywood y que había muerto en 1936. 

Lo interesante del personaje es su ambigüedad. Como sucede con todos los personajes de Fitzgerald es un tipo incalificable, que tiene tantas aristas como momentos en su vida, como actuaciones y como ideas. Al principio es un chico pandillero, que vive en el Bronx y pertenece a una familia judía. Su triunfo será convertirse en un gigantesco empresario, que hace y deshace en la industria del cine. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce y su propia personalidad terminarán sepultándolo en una nube de problemas amorosos, profesionales y económicos. La combinación de la exploración psicológica del personaje principal y de la descripción social del Hollywood de la época surte efecto y así es posible ver cómo en medio de los oropeles del triunfo crecen y se manifiestan los desamores, los fracasos, las envidias, los celos y las venganzas. Negro y blanco al mismo tiempo. 

El libro fue llevado al cine en 1976. Con la dirección de Elia Kazan y sobre un guión de Harold Pinter, el reparto fue espectacular: Robert De Niro, Jack Nicholson, Robert Mitchum, Jeanne Moreau, Dana Andrews, Tony Curtis, Anjelica Huston, Ray Milland, Seymour Cassel, John Carradine, Theresa Russell, Ingrid Boultin, Donald Pleasence. Fue la última película de Elia Kazan, otro gigante del mejor cine de todos los tiempos.


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