lunes, 7 de diciembre de 2015

Ella

Había una canción. Ella no dice nada sólo cosía y a veces hasta vuela de distraída. La escuchaba muchas veces, en esa casa de la infancia ahora inexistente. La escuchaba cuando estaba sola y la cantaba para sí. Un canto de silencio más que nada. 

La canción continuaba. Ella no dice nada, pero se entiende, porque se pasa el día teje que teje. Era una canción de anuncio, de bienvenida, de buena nueva. La maternidad no era algo que entonces le preocupara, todo lo contrario. Nunca se planteó que fuera importante tener hijos. Lo que ansiaba era un amor, o el amor con mayúsculas. 

Ella conserva algunas fotos de ese tiempo, unos años de plenitud física a la que ni siquiera hizo caso, de la que no fue consciente. Parecía entonces que el tiempo siempre sería benévolo con ella. 

De manera que pasaron esos años sin que decayera el deseo de una vida diferente. Una vida en la que los significados se construyeran a golpe de latido. Latidos imperfectos, pero llenos de esa vitalidad que buscaba. Un mar donde mirarse. Unos ojos donde encontrar la dicha. Unas manos que retuvieran el deseo. Un cuerpo al otro lado. Una huella infinita. Un sueño que se colmara alguna vez. Todo. Eso era todo. 

La canción terminaba. Ella no dice nada sólo sonríe, cuando en lugar de sopa sirve jazmines. Había un jazminero en el patio y antes de que desapareciera tenía la costumbre de salpicarlo todo de pequeñas huellas blancas. El jazminero trasminaba la casa con su olor continuo y ella sabía que ese olor le recordaría toda la vida los compases de esa canción, la voz abrupta del cantante y, sobre todo, el hueco del patio ya perdido, el rincón de sol y de aire en el que se sentaba, sola, a pensar en el futuro que tenía que llegar. 

Ella contempla esas fotos a veces y apenas recuerda la estallante juventud que sentía, la belleza de los rasgos, el aire firme y quieto de su expresión de entonces. Ahora todo eso ha desaparecido. Los años terminan con la serenidad y traen la inquietud. Acaban con la seriedad y buscan la sonrisa imposible. Si él la hubiera conocido entonces, piensa ella a veces, quizá la hubiera querido. Quizá en esos años él tendría en su corazón algo más que la nada para ella. Esos años tendrían que haber sido los de su encuentro y no lo fueron. Se convirtieron por eso en años perdidos, en tierra baldía, en momentos de nadie. En ocasiones ella llora cuando piensa todo esto. Busca un imposible que no va a existir nunca. Se marchó la belleza, la frescura de la juventud y con ella la esperanza de ese amor que lograra arrebatarle el mundo a la distancia. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Realiza tu comentario dentro del respeto y la corrección.