martes, 24 de noviembre de 2015

Rosa tóxica

El pobre chico no fue consciente de lo que se le venía encima. Nosotros tampoco. Confiadamente, creyendo en que nuestros padres eran seres infalibles que no se equivocaban, cogimos el libro y lo leímos una y otra vez. Hasta que en nuestro cerebro quedaron grabadas las frases y, no solo eso, el modus operandi. Somos unas víctimas. Y quizá ya no haya remedio. Solamente las nuevas generaciones pueden zafarse de esto si es que hay alguien que les abre los ojos y se deja de pamemas.

No sé cuántas interpretaciones hay por ahí de la rosa de El Principito. Ninguna me parece que se ajuste a la realidad. Son interpretaciones románticas, hechas por gente que se ha tragado el anzuelo, gente que se ha convertido a una religión que los ha abducido. Pero, pensando en el tema, un amigo de Facebook pronunció esta noche la palabra exacta, la palabra definitiva, la más clara descripción de la rosa en cuestión: dijo que era una rosa tóxica. Así es, lo que pasa es que, hace años, no existía ese concepto de toxicidad. Simplemente sabíamos que había gente que más vale no tener cerca. Pero ahora ya sabemos que hay personas tóxicas, incluso buenas personas tóxicas, incluso personas queridas tóxicas. Incluso personas tóxicamente amadas. Incluso tóxicos personales. Incluso nosotros podemos ser tóxicos para nosotros mismos. Y nada de esto es broma, que conste. 

El pobre principito se harta de regar la planta. Y ella se lo paga exigiéndole más. Hasta que el pobre se cansa de que la rosa lo maneje a su antojo y nunca le corresponda realmente. Porque la rosa es un parásito que quiere vivir del chaval. Así que el chico se cansa y se larga a otro planeta, o a otra casa, que ahora no lo recuerdo exactamente. Pero lleva inoculada la toxicidad, es decir, la responsabilidad. El chico se cree que es responsable de la rosa ¡¡¡¡¡¡ para toda la vida ¡¡¡¡¡¡ Por Dios, quién puede soportar esto¡¡¡¡¡¡ Es algo horroroso. Un castigo divino no da tanto la lata. Toda la vida aguantando a la rosa porque ella le hace creer que es débil y que él es supermán. Y él solo es un pobre muchacho necesitado de ser importante para alguien. Un abuso. Un claro abuso que nadie debería haber pasado por alto. Pero he ahí que todos los miles, que digo miles, millones de lectores, se han tragado el pastel sin rechistar. 

Vamos a llamar a las cosas por su nombre. La rosa es tóxica y el principito una víctima. Y así nos va. 

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