viernes, 13 de noviembre de 2015

"La niña perdida" de Elena Ferrante

Hay autores que se me escapan. Sabes que están ahí, oyes hablar de ellos, incluso mucho y bien. Pero no se produce el encuentro, ese momento personal en el que das de bruces con su obra y entonces ya, para siempre, se convierten en parte de ti misma, en un nombre de tu biblioteca, en un mensaje tuyo, en una visión acertada de lo que significa para ti la literatura. 

Este es el caso de Elena Ferrante. Las críticas la ponen por las nubes. Hablan de su tetralogía "Dos amigas" con halagos y con énfasis. Pero, sin embargo, nunca me había surgido la necesidad o la casualidad de leerla. Y así, ha permanecido para mí inédita hasta ahora, en que he empezado a conocerla a través del cuarto libro de la saga. Este "La niña perdida". 

¿Quién es Elena Ferrante? That´s is the question. Se supone que nació en Nápoles, en 1943 y se duda de que sea una mujer. Su anonimato ha hecho correr elucubraciones de todo tipo, hipótesis sin confirmar, invenciones y opiniones que, hasta la fecha, no han llevado a ningún sitio. En todo caso, desde 1992 su obra está ahí, escrita en italiano y conteniendo tanto novelas, como poesía y libros infantiles. Aunque su primera novela L´amore molesto, fue publicada en España por la editorial Destino, y la segunda "Los días del abandono" por Salamandra, desde 2011 es Lumen la encargada de sus publicaciones, en concreto desde que se inició la saga "Dos amigas". 

"La amiga estupenda", "Un mal nombre" y "Las deudas del cuerpo" son las tres anteriores novelas de la saga, cuya cuarta entrega es esta "La niña perdida", en título con reminiscencias vargallosianas "Aventuras de la niña mala", 2006. 

Este misterio editorial no parece que vaya a resolverse. Más bien se incrementa con la fama de las novelas y del propio autor/autora. Los ferrantianos son cada vez más numerosos y ese entorno napolitano, con los personajes creados por Ferrante en esta saga, parecen ya de la familia para una cantidad ingente de lectores. Las protagonistas Lila y Lenú, suenan conocidas. Sus peripecias, también. En alguna entrevista aislada ha hablado de su estilo. Dice que no corrige apenas y que escribe desde el corazón, desde el interior. Lo cierto es que se ha convertido en una autora de culto para los propios escritores, muchos de los cuales se confiesan adictos y esperando siempre que salga alguna nueva obra de Ferrante. 

"La niña perdida" ha tenido críticas geniales desde su lanzamiento el 15 de octubre. Los temas de Ferrante siguen siendo los que se desarrollan en toda la saga. La maternidad, el deseo, la relación con el propio cuerpo, el amor y el desamor, la intimidad, la amistad...Un universo plenamente femenino desplegado sin complejos, a babor y a estribor. No intenta camuflar su historia con aditamentos que distraigan de su objetivo, ni hacerla pasar por lo que no es. Se presenta sin ardides y con la veracidad propia del escritor o la escritora que cree en lo que hace, que está seguro de ello y que, probablemente, no puede escribir de otro modo o decir otra cosa diferente a la que dice. 

Las fábulas sobre la autoría, sobre la identidad de quien se oculta tras el evidente pseudónimo, son muchísimas, algunas de ellas han sido negadas por los escritores a quienes se atribuyen los libros y, en alguna ocasión, ha sido la propia Ferrante, en entrevista hecha por escrito, quien ha clamado al cielo como cuando se aseguró que no existía un autor, sino un grupo de autores, todos hombres, porque había sido necesario un grupo de ellos para poder plasmar, con veracidad y acierto, el complejo mundo de las mujeres. 

Sea como sea, acercarse a la lectura de los libros de Elena Ferrante nos depara sorpresas. Un abigarrado mundo exterior y un mundo interior lleno de capas superpuestas que se van abriendo a nuestro paso. Personajes que son personas a las que crees ver a tu alrededor, gente normal y corriente, como nosotros mismos. Sentimientos que todos hemos sentido o que creemos sentir. Vicisitudes que bien pueden ser extraordinarios o simplemente fruto del azar o de la vida cotidiana. Una narración viva, articulada en torno a un lenguaje sincero que te atrapa. 

Esa atracción a la que sucumbe sin remedio el lector puede ser la seña de identidad más clara de Elena Ferrante. Si la lees, entrarás en su mundo y no podrás salir de él. Te convertirás en uno más de los lectores que han experimentado ese hechizo. El valor de la palabra, como tantas veces he pensado, tiene más fuerza que el oleaje del mar o que el viento huracanado. 

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