martes, 17 de noviembre de 2015

"Diamante azul" de Care Santos


Barcelona, primeras décadas del siglo XX. Una mujer llamada Teresa. Un hombre de intensos ojos azules. La rebelión de los sentimientos. La convulsión social que enfrenta a la plácida burguesía barcelonesa con los obreros y la gente que lucha por sobrevivir. El azul es el azul de los ojos del marido de Teresa. Un azul complicado, difícil, extraño, seductor, innegablemente atractivo. 

Después de "Habitaciones cerradas", Care Santos publicó "Deseo de chocolate" en otro registro, más fragmentado y con una trasfondo histórico. Ahora continúa en la línea de "Habitaciones..." mostrando de nuevo el interior familiar y social de un ámbito que le resulta muy cercano a su escritura. 

Tres tiempos diferentes, dos espacios, la nueva novela de Santos recorre la vicisitud familiar de un grupo humano desde el siglo XVIII hasta los años previos a la guerra civil. Se trata de fantasmas familiares que se reviven. Se trata de mujeres que deciden cambiar su destino por amor. Se trata de emociones, pero también de intrigas, pérdidas, luchas y engaños. Convenciones sociales versus sentimientos indescifrables. La vida, al fin y al cabo. 

El Mataró industrial, el hacinamiento de los obreros, la miseria, la búsqueda de una vida mejor, se entrecruzan apenas con la burguesía, con las familias bien que tienen criadas con manguitos, mandaderas que les hacen los recados, cocineras que duermen en soberaos llenos de ratas, limpiadoras que pasan horas de casa en casa, llevando y trayendo los chismes. 

 «Estas músicas de ahora, por ejemplo, son fatales para las chicas. Deshacen por completo el cerebro hasta dejarlo hecho un puré. Esto explica que por todas partes ocurran cosas tan extrañas. Quitarse el corsé, casarse siete veces, ponerse plumas en los sombreros, fumar con boquilla…»

Hablamos del linaje de los Pujolá, la familia de la autora, que llega a Mataró desde Olot y cuya trayectoria corre paralela a la de otros núcleos familiares que siguieron el mismo itinerario. Aunque no en todas esas familias existían unos ojos azules que pasan de generación en generación y que hacen estragos entre las mujeres bienpensantes. 

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