jueves, 5 de noviembre de 2015

Demasiado corazón: A propósito de "Le petit prince" de Antoine de Saint-Exupèry



Si en la casa de mi infancia, entre los niños de la familia, hay un libro que ha marcado la infancia y aun la adolescencia de todos, este es, sin dudarlo, "El Principito". Se regalaba en los cumpleaños. Se regalaba en las Primeras Comuniones, se regalaba tras las buenas notas. Se regalaba a mayores, pequeños y medianos. Se leía en todas las ediciones. Se decían sus frases en voz alta. Se maduraba, en silencio y en soledad, su contenido. Una educación emocional en la que este libro tiene especial papel tiene sus connotaciones evidentes. Demasiado corazón. 

Al contrario de lo que sucedía con otros libros que también pasaban de mano en mano, aquí cada uno tenía su ejemplar. Era el tesoro que se poseía y que se leía a menudo, saltándose capítulos, buscando las frases que más nos conmovían, de un lado a otro del texto. A solas. Porque, a diferencia de las novelas de Ágatha Christie o de las tiras de Mafalda, este libro no se comentaba en voz alta, no formaba parte de las conversaciones de sobremesa tras el desayuno, ni de los recitados de los días de invierno. No. Era un libro individual que todos leímos. 

Puedo adivinar los sentimientos ajenos si pienso en los míos propios. Resultaba triste la peripecia de este niño, que deambulaba de un lado a otro sin experimentar el consuelo de un calor familiar o personal que lo aliviara. Parecía que llevaba la carga pesada de una itinerancia sin remedio. Era obvio que se trataba de un desarraigado, alguien que, en ningún lugar, encontraba acomodo. 

La dicotomía persona mayor-niño que inicia el libro, se va diluyendo conforme se pasan las páginas. La persona mayor que narra, trasunto del autor, un aviador que terminó su vida en un accidente de aviación, termina asumiendo el pensamiento del niño y este, en definitiva, incorporará a su imaginario los sentimientos que a todos nos acucian cuando vamos madurando. Los personajes del libro tienen la extraña virtud de sembrar recuerdos inolvidables, lo mismo da que sea una boa, un elefante, un sombrero, una rosa, un millonario, un zorro o un planeta....

Una frase guardo en la memoria sobre todas las cosas. Y la frase la saco a pasear cada vez que los avatares de la vida lo permiten. Es la frase que condensa el sentido último del libro, su fondo: "Solo se ve con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos"

Eso mismo. 


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