miércoles, 3 de junio de 2015

"Invitación al baile" de Rosamond Lehmann

La primera vez que acudí a un baile en serio, con vestido nuevo y chico acompañante, fue al terminar el instituto. La fiesta se organizó con todo lujo de detalles y recuerdo todavía, con inevitable nostalgia, la excitación que me produjo la elección del vestido, el peinado, los adornos y los zapatos. Quizá mucho más que la elección del chico, que no era sino el enamorado de turno. Un amor efímero como deben serlo todos los de la adolescencia y aun la juventud. 

En la Inglaterra de los años 30, entre una guerra y otra, el primer baile, la puesta de largo, era un rito de enorme fastuosidad en las familias que podían acceder a esa ceremonia iniciática. Familias acomodadas de la pequeña nobleza rural, burgueses, por supuesto la aristocracia. Fuera cual fuera la clase social, el baile despertaba la ilusión, el deseo y las expectativas en todas y cada una de las chicas.

Recuerdo mi propio vestido en ese baile del instituto. Era de gasa color lavanda y tenía unos tirantes mínimos, trenzados, y una cintura ajustada con una estrecha cinta de raso sobre una falda que se abría y volaba, como esas de Grace Kelly en las películas de Hichtcock. La gasa de la falda se agitaba al bailar y dejaba al descubierto las sucesivas capas que llevaba superpuestas para darle "gracia" al vestido. Al chico de turno el vestido le pareció "fascinante" y queda constancia de aquello en unas fotografías que recogieron puntualmente la esplendorosa risa y el ambiente.

¿Cómo no entender, pues, el relato que hace la escritora Rosamond Lehmann (1901-1990) de los pormenores de la preparación del baile de Olivia? Olivia es una chica tímida, callada y poco segura de sí misma. No le ayuda nada al respecto tener una hermana mayor como Kate, voluntariosa, testaruda y autosuficiente. A Olivia le gusta leer y escribir un Diario, cosa que la diferencia fundamentalmente de su hermana y de la mayoría de las chicas de su círculo. Cómo entiendo a Olivia también en esto...Esa duda permanente acerca de cómo te recibirán los otros, de cómo aceptarán tu forma de pensar, tu punto de vista...Esa reflexión sobre todas las cosas, en lugar de la evanescente superficialidad de otras amigas...Esa extraña sensación de estar "fuera" y de contemplar, a través de la palabra, los hechos y los sentimientos...

Sigamos. En su 17 cumpleaños alguien regala a Olivia una pieza de tela roja. Con ella se va a cortar y a coser el vestido de su baile de iniciación. Será, por tanto, un vestido poco usual, en un color absurdo para una debutante. También Scarlett O´Hara acudió al baile con un traje negro, a pesar de que movía los pies con insistencia tras el mostrador que recogía fondos para las familias de los veteranos.

La historia que el libro nos cuenta comienza con ese regalo y termina con la celebración del propio baile. Poca cosa, podemos pensar. Nada de eso, os digo. Porque en ese transcurrir aparentemente frívolo de la elección de la hechura del vestido, de la visita a la modista, de la búsqueda del peinado adecuado o las joyas y del baile en sí, hay mucho de vida cotidiana y mucho de sufrimiento, de desesperanza, de retratos de unos perdedores que no tienen nada más que ansias perdidas. Contra lo que pudiera parecer, el libro transita hacia lo más profundo de la emoción humana, hacia el miedo, los temores, las luchas internas de una muchacha y hacia la terrible razón de la existencia en seres desprotegidos de lujos y comodidades. La costurera que cose el traje, sin vida propia. El vendedor que ansía ser otra cosa...Gente innominada, gente de paso, vidas sin relieve....

No es "El baile" de Iréne Nèmirovsky, porque allí es el conflicto entre madre e hija lo que predomina. No es, tampoco, uno de esos bailes campestres de chicas casaderas de Austen, puesto que en ellos los personajes secundarios apenas tienen papel. No. Es una lupa colocada sobre la vida cotidiana sin dejar de lado lo que ocurre en los márgenes. Los protagonistas aparecen reflejados en los ojos y las livianas descripciones de los hombres y mujeres que pasaban por allí aunque fuera un momento. 

Baste decir, para terminar, que Olivia bailará esa noche con muchos chicos distintos, cada uno de ellos diferente y escasamente cercanos al sueño adolescente del amor verdadero. Y que en ese baile, no solamente se iniciará una costumbre social acreditada, sino el camino duro y a veces espinoso de una existencia que ya no tiene vuelta atrás. 

Con este libro de una autora hasta ahora desconocida en España, con esta primera traducción al castellano de uno de los libros de Rosamond Lehmann, perteneciente a una familia de intelectuales y que frecuentó el Círculo de Blommsbury, he hallado una voz nueva y atrayente, en la línea que la editorial Errata naturae ha iniciado y lleva a cabo para recuperar preciados textos, llenos de viveza, interés y buena literatura.

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