viernes, 6 de febrero de 2015

Lo que no existe


Una mano te aprisiona el corazón y lo convierte en un órgano helado. Una sensación de frío te recorre el cuerpo y la angustia aparece, te sube por el estómago, se aposenta en tu cuello, te abrasa. El calor se mezcla con el frío y tú no sabes dónde mirar, en qué sitio colocar tu mirada. Entonces, las lágrimas acuden, ellas te encuentran desarmada, sin recursos, no tienes nada más que este dolor agudo, esta extraña sensación de vacío, este hueco en tu alma. Estás sola. 

Puede ser cualquier cosa, ya lo sabes. Pero más que nada, la evidencia de una soledad que no has buscado, que te ha traído la vida. Una soledad escrita con el miedo, con la enfermedad, con la ausencia. Ausencia en todo veo, repites. Las palabras del poeta que te acompañó de joven se reproducen en tu cabeza y ellas dictan el sonido que ahora mismo es toda tu vida. Ausencia, en todo, ausencia. 

Estás sola. Irremediablemente. Sola. No hay nada que pueda aliviar tu soledad. Y nunca llegará nada que avive la ola dulce del sentimiento, ese volver a ser, ese volver a sentir. Todo ha acabado, lo sabes, nada será de nuevo, nada revivirá. La primavera no entrará en tu jardín. Tu cuerpo se irá apagando como una llama. Esa llama no tendrá apenas fuerzas para sostenerte. Dejarás de ser joven. Dejarás de sentir el deseo de la vida. Todo se acabará sin haber terminado. 

Estás sola. Y lo sabes. Lo ves a cada paso. Los fines de semana. Las noches con la luz encendida. El sonido apagado de una música que ya no te interesa. Las voces que no existen, que no oyes, que no están. No hay consuelo. No existe nada. Los milagros no existen. 

Así que ahora vuelves tu mirada a ti misma, al tiempo que viviste, a las horas que fueron aunque no lo sabías. Y tienes rabia. Odias la vida que te ha dejado sola al pie de una cuneta en la que no queda ningún vestigio del ardor de la sangre. De abrazos, de besos, de ese fuerza tan honda que llegaba tan dentro. De esas manos ansiosas que buscaban las tuyas. De esos ojos oscuros abiertos a tus ojos. 
Así que ahora, el vacío, el sonido metálico de tu soledad, la ausencia entera. 

2 comentarios:

  1. Hostia...un relato de cómo me siento yo. Ante la exactitud, fría me quedé.

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  2. Hostia...un relato de cómo me siento yo. Ante la exactitud, fría me quedé.

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