viernes, 8 de agosto de 2014

Elizabeth Gaskell

Confieso mi frustración por no dominar el inglés. Esa circunstancia, totalmente fortuita, influye más de lo que quisiera en mis lecturas. La mayoría de los autores que me interesan escriben en ese idioma. Con el inglés me ocurre algo curioso. Me gusta como suena. Tengo un buen oído. Estoy familiarizada con su música. Pero siento una enorme pereza, una pereza esencial, al estudiarlo. Y lo he intentado, de verdad, pero no ha habido manera. Lorenzo Silva me comentó hace poco que Jane Austen variaba mucho de ser leída en inglés o traducida. Lo supongo. Ya he desertado de leer a poetas de lengua inglesa. La poesía traducida me parece falsa. Lo de Shakespeare lo sobrellevo. Pero ahora veo que hay tantos escritores a los que quisiera leer en su lengua original que ya lo del inglés se está convirtiendo en una obligación. Quisiera saber por qué no me apliqué a ello hace unos años si le dediqué tiempo a otros aprendizajes menos prácticos...Pero no hallo respuesta. Me aburre aprender inglés. Aunque me gusta el inglés. Uff.

A Elizabeth Gaskell la descubrí hace unos años. Fue un gozoso descubrimiento, similar a lo emocionante que me parecía cuando, en una estación de tren o de autobús de las que recorrí en mi época viajera, hallaba inopinadamente una novela de Ágatha Christie que no había leído o que no teníamos en casa. Eso era casi un milagro porque las buscábamos y leíamos todas. Desde El misterioso caso de Styles hasta Telón, pasando, claro, por las novelas que escribió con el nombre de Mary Wesmacott, su autobiografía y, más recientemente, el libro sobre los cuadernos que recogían sus anotaciones para las novelas. Lo de Elizabeth Gaskell fue un amor más tranquilo, menos pasional, pero igualmente perdurable. La conocía y la adopté para siempre como una de mis escritoras, uno de mis escritores, si me entendéis. 

Ella es novecentista, desde luego. Ese glorioso XIX de tanta creación como convulsiones sociales. Londinense de 1810, fijaros, de los años en que en Cádiz se reunían las Cortes Liberales. Se crió en el ambiente de la pequeña nobleza rural que tanto ha dado que hablar en Inglaterra y que tan buenos frutos literarios ha producido. Empezó a publicar tardíamente, pues se casó y tuvo seis hijos, pero luego tuvo una carrera literaria muy estructurada, publicando sus libros en entregas como era tan corriente entonces y escribiendo obras de distinto carácter, unas reflejando sus preocupaciones sociales y morales y otras más intimistas. 

Tengo ahora mismo delante cuatro libros de Gaskell. Uno de ellos es la Vida de Charlotte Bronte, publicado por Alba, en su sección de Biografías. A Bronte le falta la diéresis de la e final, pero tengo dificultades para ciertos signos en mi recién estrenado portátil, disculpadme por ello. Dice la editorial que esta es la primera biografía de una novelista escrita por otra novelista y debe ser cierto, como lo es que logra transmitir esa tristeza opaca de las Bronte, esa extraña atmósfera decadente. 

Otro de los libros es Cranford, en una edición de Alba Minus. Parece ser que la escribió a instancias del propio Dickens, que amaba su forma de escribir y después de que se diera a conocer con su primera novela Mary Barton. En Cranford se plasma el ambiente y la vida del pueblo en el que la autora se crió con su tía, al quedar huérfana de madre. Es un libro delicioso, en el que las costumbres, los ritos, la vida cotidiana en suma, constituyen un mosaico por el que transitamos sin darnos cuenta, de manera que nos sumergimos en las preocupaciones propias de una pequeña comunidad atenta a los compromisos matrimoniales, las muertes, las dificultades económicas, las cartas que vienen de lejos o los líos amorosos y familiares. Tal parece que mi calle, la calle de mi infancia de la que tanto hablo y escribo, no es, no era, una excepción, sino que todos los lugares del mundo, los pueblos, los barrios, tienen el mismo pulso, idéntica efervescencia, que aquí se convierte en tema literario. Como me dijo alguien hace poco, da igual el tema, da igual de lo que se escriba, lo importante es cómo se escribe, lo importante es el estilo. Eso es lo que diferencia la literatura de la lista de la compra. 

Mary Barton, aquí a mi lado, en edición de Alba, cómo no, preciosísima con ese papel grueso blanco roto y su cinta de lectura dorada, tan linda, fue la primera novela y el primer éxito de Gaskell. Su heroína es una mujer inusual, una mujer que clama por el derecho al trabajo en un ambiente de enorme tensión social, agravado por la pobreza y el desempleo. Sentimientos, situaciones complejas, dudas, problemas personales y sociales, todas estas emociones se sitúan en el telón de fondo de una gran ciudad inglesa, Manchester, en plena Revolución Industrial, ese acontecimiento de la historia de la humanidad que marcó la literatura de su tiempo y del tiempo posterior de muchas formas diferentes. Y de nuevo recuerdo a mi adorado D. H. cómo no. 

Y ahora Ruth, el cuarto libro de Gaskell en mi mesa. En esta ocasión se trata de la editorial dÉpoca la que ha sacado a la luz el texto, voluminoso, un auténtico novelón, imposible de llevar a la playa ni de trasladarse alegremente en el tren. Más bien requiere un sitio reposado de lectura con sus casi setecientas páginas. Este libro es especial para mí, no solamente por su contenido, sino porque fue el regalo de unos buenos amigos, José Luis, Carmen y Teresa, que adivinaron mis gustos literarios y lo encontraron husmeando por ahí. Esta edición del libro es la primera traducida pues hasta ahora solamente estaba en inglés. Narra un caso de exclusión social de una mujer de origen humilde, de una mujer perdida, una madre soltera, que ha perdido la inocencia y que debe reconstruirse desde el principio en un mundo hostil para ello. 

Quizá algo de lo que aquí escribo os lleve a interesaros por esta escritora. Si es así, me doy por satisfecha. En todo caso, cuántas tardes, horas, minutos, cuánto tiempo con Elizabeth Gaskell, sumergida en sus personajes, en las peripecias que cuenta, cuánto tiempo con ella, como si fuera una vieja amiga que siempre está dispuesta a acogerte. Viendo de cerca la vida de la campiña inglesa, los avatares de los habitantes de Manchester, sorprendidos por los adelantos técnicos de la industrialización, conociendo ese ambiente que, de otra forma, estaría tan lejano, tan alejado, de mí. Eso es lo que tiene la lectura. Y la palabra, que vale más que mil imágenes.


2 comentarios:

  1. Hola, soy Victoria, la amiga de tu hermana Manoli.
    lo primero felicitarte por el blog, al cual llegue de casualidad y consulto de vez en cuando para ver las recomendaciones de libros.
    Si que has despertado mi interés por esta escritora y la buscaré,me gusta mucho ese ambiente de campiña inglesa, sus casas,etc
    Al igual que hice cn Maggie O'Farrell, que la descubrí en tu blog y me encantó su libro.
    un saludo afectuoso.

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  2. Hola, soy Victoria, la amiga de tu hermana Manoli.
    Lo primero felicitarte por el blog, al cual llegue de casualidad, y ya consultó para ver las referencias sobre libros.
    Si que has conseguido despertar mi interés por esta autora, me gustan muchos los ambientes de la campiña inglesa, sus casas, etc. Así que la buscaré.
    También descubrí en tus comentarios a Maggie O'Farrell, me encantó el libro Instrucciones para una ola de calor.
    Espero que esta me guste igual.
    Un saludo afectuoso.

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