sábado, 19 de julio de 2014

Hammett y Chandler

Si te gusta la novela negra has tenido que toparte ya con estos dos. Contemporáneos, pero distintos, aunque ambos comparten la gloria de la creación de un género que, desde entonces, ha hecho disfrutar a miles de lectores. En esto, como en botica, hay gustos para todos. Unos son más de Dash (Hammett) y otros son más de Ray (Chandler). Los lectores tenemos confianza con nuestros idolatrados escritores así que los llamamos por sus diminutivos, como si fueran gente de la familia. Y no diría yo que no lo son, en realidad. 

Pero ahí quedan sus paralelismos. En todo lo demás son diferentes. Dashiell Hammett dedicó muy poco tiempo de su vida (1894/1961) a la literatura, si la entendemos como escribir ficción. En apenas cinco años dio a conocer toda su producción en este sentido, básicamente relatos cortos, algunos muy cortos. Por el contrario, Raymond Chandler, cuya cronología vital es muy parecida (1899/1957), tiene una obra más larga en la que sus novelas son los elementos esenciales. Ambos, no obstante, ejercieron de periodistas. Los dos escribieron guiones para el cine. Ambos lucharon en la Primera Guerra Mundial. Hammett también en la Segunda. Los dos son seres escépticos, descreídos, que escriben de lo que ven, de lo que viven y con una mirada nada amable. Pero su formación es muy diferente. Hammett no tuvo instrucción apenas y empezó muy joven a trabajar de detective en la Agencia Pinkerton de Baltimore, trabajo que le haría conocer muy a fondo el ámbito de la investigación privada. Por el contrario, a pesar de que sus circunstancias familiares no eran las idóneas, Chandler se educó en Londres, adquiriendo una interesante formación en los clásicos y empezó pronto a publicar poemas y relatos. 

El compromiso político de Dashiell Hammett le llevó a dedicar mucho tiempo al activismo. También ejerció de editor de periódicos y se alineó con todos aquellos artistas y trabajadores de los estudios de cine que estaban en contra de la represión ideológica de la época posterior a la Segunda Guerra Mundial. Su compañera, la maravillosa Lillian Hellman, inmortalizada en la película "Julia" compartió con él las mismas inquietudes literarias y políticas. 

El destino quiso que Raymond Chandler pasara muchos años alternando la literatura con su trabajo de empleado de banca, desde el que se dedicaba a perseguir secretarias y a emborracharse los fines de semana. Ello a pesar de que durante treinta y cinco años vivió con la misma persona, en una relación no permitida al principio porque ella era mucho mayor y además estaba casada. 

Aunque Chandler bebe de algunos aspectos del estilo literario de Hammett, ambos son muy distintos. El primero es más duro, más irónico, más frío. Su estilo es más directo, a veces, como una patada en el estómago. Pero creó un personaje único, el detective Philip Marlowe, cuya presencia física tenemos que asociar, sin duda, al gran Humphrey Bogart. Por su parte, Hammett es más versátil y en sus cuentos lanza pequeños dardos que están llenos de imágenes, sensaciones, vivencias, retratos fieles de un submundo que conoció a la perfección. Sus frases son magistrales. Sus historias, inolvidables. Precisamente hace poco RBA sacó a la luz una edición estupenda de todos sus cuentos, que se llama "Disparos en la noche" y que tengo aquí al lado mientras escribo. Recomendable de todo punto, porque te hará conocer a Hammett, todo entero. 

Seas seguidor de uno o de otro, o de los dos, la novela negra es un género que ha hecho fortuna y que nos hace disfrutar, con sus ambientes sórdidos, sus bellísimas rubias de ojos negros, sus garitos cargados de humo y de alcohol, sus detectives y sus policías corruptos, como la vida misma, vamos...

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