martes, 11 de febrero de 2014

"La vida era eso" de Carmen Amorata


El libro de Carmen Amoraga, cuyo título aparece en esta entrada, trata de cómo, a través de las redes sociales, una mujer que se ha quedado viuda y con dos hijos, es capaz de encontrar nuevos sentidos a su vida. Y parece que lo logra con las redes sociales, no sé si Twitter,  Facebook o quien sabe. Dice la autora que el libro se basa en un hecho real. No lo sé. No lo he leído y creo que no estoy en condiciones de hacerlo. Sería doloroso.

Curiosamente, la tercera entrega de Bridget Jones también presenta a una Bridget que acaba de enviudar del maravilloso Mark Darcy. Es, en este caso, el motivo de su renacimiento, un hombre más joven, bastante más joven que ella el que logra paliar el sufrimiento de la protagonista y la ayuda a remontar. Susan Sarandon dejó a Tim Robbins, doce años menor, por alguien veinte años más joven.
Quizá sí me anime a leer el libro de Bridget. Da la impresión de ser más ligero que el otro. Seguramente peor, más insustancial. Pero no estoy ahora para trascendencias.

Pero no creo en ninguno de los dos casos ni en el milagro que anuncian. No me parece que, para las personas normales, las que vivimos fuera de los brillos y el oropel, les resulte, nos resulte,fácil superar la pérdida de tu pareja. Y me refiero a esta clase de pérdida. No a divorciarse, que eso es otro tema. 

Hace justo seis meses que mi marido murió. Desde entonces he intentado muchas cosas para no hundirme, para seguir adelante, para reinventar la vida. Pues la vida tiene que ser, por fuerza, de otra forma, cuando pierdes a tu compañero durante 22 años. También yo tengo hijos, un hijo, que me obliga a no tirar la toalla. Tengo gente conocida, algunos amigos, pocos y familia, mucha, pero lejana.  Pero tu dolor es tuyo. Tu sensación de ausencia, tuya. Tu miedo al futuro. Tu extrañeza. Tus neuras. Tu ansiedad. Tu horror a los hospitales y a la enfermedad. Tu hartazgo de papeleo. Tu mirada interrogante. Tu búsqueda de consuelo. Tu pena, grande. Tus altibajos. Tu cansancio. Tus problemas. Tu andar, andar, recorriendo a pie y sola las rutas que antes hacías en coche y con él. Tus intentos para volver a leer libros. Para volver a escribir. 

Además de la decepción lógica de comprobar cómo la gente que al principio se preocupa por ti va desapareciendo de tu vida...Además de la evidencia de entender que, hagas lo que hagas, el tiempo del dolor no puede acortarse...Además de sentir que hay días y días, momentos y momentos, vaivenes que se suceden en un carrusel de sentimientos que no controlas...Además de asimilar que ahora, cuando tu pareja ya no está, solamente importas de verdad a tu hijo...Además de apreciar lo que tenías, lo feliz que eras, aunque en ocasiones ni siquiera lo sabías...Además de encontrarte, milagrosamente, con alguna persona excepcional que a veces está al otro lado del whapsat, aunque no siquiera erais muy amigas...Además de esto...

Te das cuenta que hay una parte de tu vida que ha acabado para siempre, que no puedes esperar nada, salvo el milagro de seguir viviendo, que tu hijo es el motivo por el que esperas cosas buenas y que el tiempo parece el único aliado para que el sufrimiento se convierta en pena y la pena en un dulce y nostálgico recuerdo...

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