martes, 30 de julio de 2013

Triana la otra orilla del flamenco. 1740-1931



El barrio de Triana en Sevilla es un universo plagado de interés para propios y extraños. Pocas veces hay un espacio físico que concite tanto interés literario y de todo tipo. Triana es, también, una forma de vida que ha sobrevivido en muchos aspectos a través de los siglos. Interesa por tanto, mucho, conocer los detalles de ese micromundo que, para muchos, entre los que me incluyo, es algo más que un lugar para vivir o para disfrutar. Por eso, la literatura sobre Triana despierta siempre un interés que resulta lógico entender, a la luz de lo que estamos exponiendo.
El autor del libro, Ángel Vela Nieto (Triana, Sevilla, 1944) tiene en su haber un número importante de libros de temática trianerista, contribuyendo con ellos al bibliotrianerismo de una forma considerable. En esta ocasión, su acercamiento al conocimiento del arrabal lo realiza a través del arte flamenco, una manifestación artística muy ligada al barrio en todas sus manifestaciones, tanto vivenciales, como artísticas, culturales, musicables o biográficas. El libro se presenta en edición de lujo, portada de pasta dura y sobrecubierta conteniendo la reproducción de una obra del reconocido pintor Juan Valdés. Diseño clásico para una obra que contiene, además, gran número de fotografías, dibujos y reproducciones que pueden ser de interés para los lectores. Ediciones Giralda (cuyo editor es Francisco Javier Sosa) como en otras ocasiones se ha encargado de la publicación del libro que tuvo una presentación multitudinaria en los prolegómenos de esta pasada Velá del 2013.

El libro se inicia con tres citas, correspondientes a tres artistas del flamenco: Juan Talega, Antonio Mairena y Manolo Caracol. El elemento común a las tres citas, es, lógicamente, Triana. Asimismo, lleva un prólogo a cargo del estudioso Antonio Reina. Más que un prólogo diríamos que es una presentación con una fuerte carga de amistad y apoyo al trabajo que el autor realiza. El verdadero prólogo está en el primer capítulo del libro y lo realiza su autor. Este primer capítulo expone las intenciones de la obra y sirve de pórtico a la misma. A partir de ahí, cuatro capítulos orientados con orden cronológico en un espacio temporal que abarca desde 1740 a 1931 y otros tres capítulos de distinto signo: uno dedicado a artistas a los que denomina “Nombres aparte”, otro en el que las letras del cante hablan de Triana “Echemos un cante” y uno último de referencias bibliográficas.
Los primeros sesenta años de este recorrido los enmarca Ángel Vela en lo que él mismo denomina la “prehistoria” y ocupa desde 1740 hasta 1800. En este capítulo se recogen sucedidos, referencias y comentarios acerca del barrio, su población, ocupaciones, escenarios, artistas y manifestaciones culturales de distinto signo. En los tres capítulos siguientes bautizados estrictamente con el epígrafe cronológico de los años que lo componen, desgrana el autor la noticia de artistas diversos, algunos trianeros, otros no, que forman parte de ese mosaico multicolor que compone el flamenco en Triana. En ese recorrido se insertan también lugares, espacios, acontecimientos y referencias bibliográficas de estudiosos que han incluido a Triana en sus libros sobre flamenco, dando carta de autoridad, por tanto, a aquellos que se han antecedido en la tarea de encontrar el hilo conductor del cante. Por supuesto que muchos de los artistas que ahí aparecen referidos no han nacido en Triana (ni en Sevilla, tampoco) pero su inclusión obedece, según parece desprenderse del curso del libro, de que han tenido un papel en esa conformación del cante en Triana, tanto de forma presencial, vivencial, aportando sus conocimientos al modelado de los cantes o con algún tipo de relación con el barrio. Lo que resulta lógico, desde luego, si atendemos a que los límites del arte, en cuanto a escuelas y modelos, no tienen que ver, estrictamente, con la nacencia, la biografía o el origen geográfico.

Mención aparte merecen las ilustraciones del libro, que, al tratarse de una edición de lujo, son profusas y variadas. Estas ilustraciones se refieren a personajes, lugares, obras plásticas y todo aquello que el autor ha considerado que puede añadir una explicación más clara a lo que se está exponiendo. Tenemos constancia de que una de las facetas de Ángel Vela es la recopilación de testimonios gráficos y el comentario de los mismos, algo que hacía con verdadera delicadeza y sensibilidad en la revista “Sevilla Flamenca” en una sección propia.
El libro está escrito con el estilo de su autor, conciso, sencillo y correcto, alejado de florituras innecesarias. En él expresa su punto de vista y su opinión sobre el papel cenital que Triana tuvo en la génesis y desarrollo del flamenco. Ese punto de vista se ofrece sin estridencias y sin ánimo de polémica, como suele hacer el autor, aunque, evidentemente, habrá posturas diversas y el debate puede enriquecer el contenido del libro siempre que se realice con respeto, conocimiento y partiendo de lo que el autor cuenta en realidad, lo que no es posible hacer sin una lectura atenta y pormenorizada.

Aquellos trianeros que quieran ahondar en el conocimiento de su barrio, incluyendo aquí a los trianeros de corazón, pueden pasearse por sus páginas y conocer detalles que les resultarán de interés. Por eso, puede considerarse un libro de consulta, al que se vuelve con tranquilidad sin que el hilo conductor pueda verse afectado. También puede servir para el debate, puesto que todo lo que al flamenco atañe se desenvuelve siempre en una nebulosa científica que propicia el desacuerdo. Si ese desacuerdo se gestiona bien, no hay problemas pues la dialéctica es una forma de confrontar opiniones y posturas muy enriquecedora. Llamar la atención, en ese siempre abierto tema de los orígenes y los lugares fundacionales del flamenco, sobre el papel desempeñado por Triana, es otro de los objetivos del libro, que creemos cumple con creces.

Hay que saludar siempre con agrado los intentos editoriales de dedicar libros a temas tan concretos y, a la vez, con tantos matices de universalidad, pues al fin, la historia misma está llena de historias parciales y todas ellas contribuyen al gran conocimiento de lo que somos y de lo que hemos sido.

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