sábado, 2 de febrero de 2013

Confieso que me gusta la poesía

Confieso que me gusta la poesía, esa forma ligera que rodea a las palabras como si fueran atadas con un lazo. La poesía, la misma que me suena a disco de Serrat y reválida de cuarto. Confieso que mi primer poeta fue Miguel, Miguel Hernández, en libritos de hojas finas que llevaba forrados. Los libros que ocupaban aquella estantería, el librerito blanco, que luego se llenó con obras de John Grisham. 
Confieso que me gusta la poesía y que me sé muchos poemas de memoria. Que antes los recitaba en voz muy alta, sin auditorio, sin luces, sin aplausos...Antes, cuando era chica y pensaba que el tiempo era infinito, que todo el tiempo estaba por delante, que las horas corrían tan despacio o andaban tan despacio, que nunca llegaban los catorce.
Confieso que llenaba de amores las libretas, que las libretas se llenaban de palabras y que las palabras formaban un poema. Que el poema siempre llevaba un nombre y que existían porque tú no estabas.



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