lunes, 1 de octubre de 2012

Nora

Abro una de las estanterías de cristal de mi biblioteca, todas ellas de color rosa palo, y encuentro este libro: "Casa de muñecas", leído tantas veces y escrito por Henrik Ibsen. Es una edición gastada, de bolsillo, de la editorial Novelas y Cuentos. En la contraportada aparece el autor, en su madurez, con poblada barba negra. La edición se hizo con motivo de los cien años del estreno de esta obra de teatro que supuso, como dice el librito, la consagración de Ibsen como dramaturgo. Ahora me viene a la memoria que he leído muchísimas obras de teatro. Creo que había una colección que se llamaba así, Teatro, y que contenía todo lo clásico y lo contemporáneo, tanto de escritores españoles como extranjeros. Ya no conservo esos libritos, salvo, seguramente, uno de ellos, "Llama un inspector" de Priestley, una de mis favoritas entre todas las obras que leía. Me gustaba mucho leer teatro, aunque ahora no suelo hacerlo. José Luis Sordo, mi amigo del Club Mente Joven y del Instituto, me traía los libritos de Madrid, donde empezó a estudiar Económicas. El libro me costó, en su día, 340 pesetas, es decir, dos euros de hoy. Estoy segura que, salvo en los saldos más rebajados, no compraría ahora mismo ningún libro por ese precio, ni siquiera uno humilde de bolsillo. Para que veamos adónde nos ha llevado el euro...
Gracias a que anoto en los libros mi nombre, el lugar y la fecha de compra, puedo escribir que lo compré en 1980. ¿Tan joven y ya metida en estos berenjenales del teatro de autor? Pues sí, seguramente fue la época en la que trabajaba como actriz en el grupo Silepsis y participaba en los montajes que hacíamos por los pueblos, generando a veces la irritación de nuestras familias porque eran obras supermodernas o versiones de clásicos pasados por el existencialismo y el método Stanislawski. 
El personaje de Nora, protagonista de la obra, me pareció siempre impresionante. Resulta muy difícil tener carácter, como ella, cuando se ha estado dominada primero por el padre y luego por el marido. Envidio todavía la fuerza de Nora para cambiar de vida, a pesar de los inconvenientes sociales y personales. ¿Quién es capaz de hacerlo, al fin y al cabo?. Más que feminista, me parece una obra que denuncia los compromisos sociales, que nos asfixian y nos obligan a llevar una vida que no queremos y a hacer cosas que no nos gustan. Es interesante ver cómo el personaje de Nora va cambiando y haciéndose fuerte a medida que la obra avanza, pues no es una fortaleza de cartón piedra, sino que se percibe como auténtica. ¿Existe?
Creo que no he llegado a ver, hasta la fecha, esta obra de teatro en un escenario. Sí en televisión, aunque puedo decir que no es lo mismo que leerla. Cuando una lee puede imaginarse los personajes mil veces mejor que viéndolos, por eso creo que el teatro leído me gusta tanto. 

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