martes, 8 de mayo de 2012

Una pequeña joya


Emily Dickinson  (Amherst, Massachusetts, Estados Unidos, 10 de diciembre de 1830 - íd., 15 de mayo de 1886  emerge en la poesía con la fuerza de una naturaleza misteriosa. Es una poesía de lo esencial, pero cosida de pequeños detalles, de descripciones, ideas, sentimientos, pasiones, que nos resultan conocidas y que intuimos en cada palabra. Durante mucho tiempo estuvo oculta. Cuando murió apenas cuatro o cinco poemas habían visto la luz del público. Ningún libro llevó su nombre en vida. Solamente sus personas queridas o aquellas en cuyo criterio confiaba, tuvieron la ocasión de leer las palabras que escribía en cualquier sitio, sin fechas y con un estilo personal, alejado de las modas literarias de aquellos años mediados del siglo XIX en los que vivió.
Confieso que hay que leer datos de su biografía antes de adentrarse en su poema. En su vida se encuentran muchas claves de su relato poético. Las historias que, inevitablemente, se tejen sobre ella no hacen justicia a su formación, profunda, mucho más para una mujer en aquella época. Su énfasis en los últimos años de reclusión no revelan toda su realidad, sino una parte solamente. En su biografía podemos también rastrear la presencia de los dos hombres a los que amó y a los que dedicó toda su escritura. Sucesivamente, con distinta intensidad, siempre con pasión, Emily hizo del amor el hilo conductor de unos poemas que rebosan elementos de la naturaleza, que tan bien conocía, referencias literarias, modos bíblicos, todo ello pasado por el matiz de su propia, portentosa e inigualable imaginación, la misma que hacía posible que creara, improvisadamente, en un segundo, toda una historia tejida de humor, misterio y desenlaces curiosos. Esas historias que contaba a sus compañeras de colegio, a su hermana, su cuñada o sus sobrinos.

La Editorial Nórdica ha creado un libro sencillo, pequeño y acogedor sobre la poesía de Emily Dickinson. Se trata de un libro ilustrado. Así pues, palabra y dibujo se dan la mano y se hacen inseparables en esta edición que ya puedes encontrar en las librerías. El libro se llama "El viento comenzó a mecer la hierba" como si se tratara de un anuncio que abriera las puertas a las otras maravillas. Tiene solamente 112 páginas, es un libro pequeño, como digo y también "íntimo", usando la palabra que la propia editorial Nórdica ha utilizado en su presentación. Los dibujos de Kike de la Rubia, ilustrador nacido en 1980, acompañan los poemas como si ofrecieran una forma de interpretación de los mismos, o una intervención directa en las palabras, o una visión que la propia Emily hubiera llegado a contemplar. Kike de la Rubia emborrona los papeles con bocetos, diseños y dibujos, igual que Emily Dickinson los llenaba de palabras. Juntar en un mismo espacio cuadrado, blanco y reducido ambas expresiones, la palabra y la imagen, ha dado lugar a este libro que recomiendo, especialmente, a todas esas alumnas de nuestros grupos bilingües que ya se han topado con la poesía, con los aledaños de la vida, en suma. La edición que presentamos, de la Editorial Nórdica, es, precisamente, bilingüe y en esto reside también uno de sus encantos y uno de sus aciertos. El mayor de todos, además de la selección de poemas, es la compañía encantadora de los dibujos de Kike de la Rubia, inseparable ahora de la poesía de esta mujer apasionada, que hubiera merecido, quizá, un Robert Browning que dijera (como a Elizabeth Barret): "Y aquí tienes a un hombre que te ama".


(Ilustración de Kike de la Rubia para el libro)

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