martes, 28 de febrero de 2012

Y...¿no es esto, quizá, la vida?

(Dedicatoria: A Colin Firth, el mejor Darcy)

Releo "Emma" y vuelvo a preguntarme acerca de su autora, Jane Austen. El libro que leo tiene muchos años, es una edición de bolsillo de 1982 y lleva una introducción de Carlos Pujol muy buena, lo mismo que la traducción. Diréis que, para lograr saber si una traducción es buena habría que conocer el idioma original. No hace falta, os digo, porque se consigue leyendo diferentes versiones de un mismo libro y teniendo también muy cerca a la propia autora y su forma de escribir. De todas formas, si por algo quisiera dominar el inglés es por esto, por poder leer a gente como Austen en su idioma. En fin...

Releo "Emma" y aparece ante mí la figura casi escondida de Jane Austen. Esa transparencia, esa invisibilidad que la llevó a publicar uno de sus libros con la firma "by a lady" ("por una dama"). Otros muchos los publicó de forma anónima. Incluso, cuando tenían éxito, sus reediciones tardaban años.  Nunca quiso pertenecer a los cenáculos literarios y pasó su vida en familia, primero con sus seis hermanos y luego criando a sus numerosos sobrinos. No se casó, aunque era atractiva, inteligente, culta, alegre y le gustaban los bailes y la música, algo que introduce siempre en sus novelas, pues un baile es, en la pequeña sociedad de la clase media rural inglesa que ella retrata, un momento culminante, un acontecimiento, porque te permite tejer silencios y palabras en torno a los demás.

Jane Austen es un personaje tan interesante o más que las heroínas de sus novelas. Quizá Emma sea la que más pueda parecérsele, aunque al final acabe casándose con el señor Knigthley, un dechado de perfecciones, en la misma línea que lo era Darcy, su mejor retrato masculino.

No necesitó el reconocimiento externo, que le llegó muy tarde y que disfrutó poco tiempo. Los pequeños placeres de la vida, la bendita rutina de la que tanto abominamos pero que, cuando desaparece, nos hace añorarla tanto, todo eso es el mundo en el que eligió vivir. Sin embargo, eso no significa que renunciara a su vocación o a su talento. Todo lo contrario. Perseveró en un mundo de hombres hasta conseguir que sus obras se publicaran. Y siguió escribiendo siempre, desde su adolescencia hasta el final de su vida, porque ahí, en esas novelas, encontraba el mejor universo en el que desenvolverse. Era tan importante ese mundo literario de creación que tenía en sus manos, que no necesitó otro. La imagino observando lo que a su alrededor acontecía en esos días y horas. La imagino muchas veces, cuando yo también observo la naturaleza humana, esa que, según decía Jane Marple, "es igual en todas partes".

(Ilustración: Jane Austen por Cassandra Austen)

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