viernes, 20 de enero de 2012

Novedades editoriales

He aquí la reseña del último libro publicado por la Editorial Impedimenta:

Alfred Döblin
Wadzek contra la turbina de vapor
Traducción de Belén Santana
 
Obra desmesurada, estridente, irónica y grotesca, todo en ella está deformado hasta alcanzar casi la caricatura, haciendo de esta una novela tragicómica, que oscila entre los dos polos del humor: la gravedad y el divertimento.
Wadzek contra la turbina de vapor (1918), para muchos la clara predecesora de la obra maestra de Alfred Döblin, Berlin Alexanderplatz, constituye una magistral y divertidísima sátira del capitalismo salvaje. Wadzek y Rommel, los protagonistas de la novela, son dos industriales cuya única razón para vivir es la de superarse entre ellos y, de paso, aniquilarse el uno al otro. Rommel, un personaje ambicioso, extremado, actúa de manera sibilina contra su más firme competidor, Wadzek, quien, de este modo, se convertirá en víctima del sistema o, al menos, así lo percibe él, lo que hace que se vea obligado a arrastrar a toda su familia en una huida desaforada de un Berlín desproporcionado, caótico y tremendo.
Además, el último libro publicado por Acantilado:

Abandonarse a la pasión

Ocho relatos de amor y desamor
Las protagonistas de este singular libro de relatos viven historias de amor. Aunque dispares, se diría que todas ellas están enlazadas, como si fueran partes de un conjunto, a veces armónico, otras menos amable. Sutil, de finísima y delicada factura, por momentos feérico, con un tono que no rechaza sin embargo la oscuridad y el desgarro que tan a menudo deparan los sentimientos, Kawakami indaga de nuevo, con voz singular, en el amor y la pasión.
Hiromi Kawakami


Por su parte, Funambulista ha publicado:

Cartas de amor

Traducido por: Alma Fernández Simón
Postfacio de Rubén Pujante Corbalán
 Twain dejó escrito: «El producto más franco, más libre y más privado de la mente y del corazón humano es una carta de amor». Este epistolario inédito hasta ahora en español (que abarca desde el noviazgo de la pareja en 1867 hasta la muerte de Olivia «Livy» Langdon en 1904) revela no sólo la íntima parcela sentimental del genial escritor estadounidense, sino también el aspecto profesional de su carrera. En muchas de las cartas aparece el espíritu filantrópico del novelista, su sentido de la solidaridad y su hondo desasosiego por el ser humano. Pero, sobre todo, como bien señala Rubén Pujante Corbalán en su postfacio, la utilización maestra del humor es «el matiz que fluctúa en la correspondencia como testimonio de un estilo personal. Son las anotaciones humorísticas, los pequeños comentarios jocosos, los chistes y anécdotas graciosas los que amenizan la lectura de las cartas y despiertan la sonrisa y la carcajada complaciente del lector».
Cabe leer pues esta correspondencia como una radiografía de la vida de Twain, quien escribió en el prefacio a su autobiografía: «Me ha parecido que podía ser tan franco, libre y desinhibido como una carta de amor si supiera que lo que estaba escribiendo no iba a ser expuesto a ojo humano alguno hasta que yo estuviera muerto, ignorante de todo e indiferente».

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