sábado, 31 de diciembre de 2011

Año nuevo, libros siempre

Solamente unas breves líneas, en esta hora indecisa de la tarde, previa a la noche en la que despedimos el año, para esperar que 2012 sea un año positivo para nuestro Instituto y las personas que trabajamos en él, así como para su comunidad educativa. Un año en el que sigamos avanzando en el camino de calidad que nos hemos propuesto, en el que se afiancen nuestros proyectos y en el que creemos mayores lazos de camaradería entre todos. Y siempre con libros...

domingo, 25 de diciembre de 2011

Tus libros


(A S.B.G.)

Pocas cosas tan tuyas como esos libros que elegiste o que fuiste guardando amorosamente después de que alguien, que sabía que te gustaba leer, te los regaló. Libros que colocas en estanterías de madera, sencillas, sin adornos apenas, porque los libros en sí mismos ya eran suficiente adorno, son suficiente adorno todavía. Tus libros tienen el sello de las horas que pasaste entre ellos, ensimismada en la lectura, robándole tiempo a otras cosas por hacer, menos entretenidas y fantásticas. Siempre soñaste con ser la heroína de alguno de ellos, tenías, tienes, alma de heroína, de protagonista de película, de personaje de libro. Mucha gente no entendía esa afición porque en tu tiempo de juventud los libros eran un lujo y era difícil descubrirlos. No sabemos dónde estuvo el arranque primero de esa afición, quizá en tus propios hijos, algunos de ellos lectores empedernidos.

Pocas cosas tan tuyas como esa estantería de madera repleta de libros con títulos dispares, con un gusto tan ecléctico que parece haber sido producto de varias personas: novelas románticas, clásicos, aventuras, policíacas, libros de juicios y de crímenes, best-sellers y obras pequeñas, casi desconocidas...un poco de todo en ese batiburrillo ordenado de tus libros.
Ahora parecen más solos.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Regalar libros

Todos los años, cuando llegan los días previos a la Navidad, insistimos en lo importante que resulta incluir libros en nuestras compras de regalos. En realidad, un libro resulta mucho más barato que cualquier objeto electrónico o de vestir, con la ventaja de que te acompaña toda la vida. Los libros no caducan, no se estropean sus mecanismos, no se quedan antiguos, no te quedan pequeños por problemas de talla. Un libro es una inversión a largo plazo. Te proporciona momentos de alegría y distracción, lo que no es poco. Si, además, es de esos libros que te gusta conservar contigo siempre, puedes releerlo. El placer de la relectura, con esa anticipación gozosa de lo que vendrá, es agradabilísimo. Si no lo relees, siempre puedes guardarlo en tu biblioteca, incluso regalarlo a alguien, prestarlo, donarlo, revenderlo, por qué no...

La relectura, ahora que hablamos de eso, es una actividad curiosa. Hay libros que relees enteros y por su orden, esperando llegar al final ansiado, que tan buen sabor de boca te dejó. Eso me ocurre, por ejemplo, con las novelas de Ágatha Christie, cuya relectura me ha ahorrado no pocos momentos de sinsabores, de angustia o de ansiedad. Si tienes un problema, ese rato sumergida en los misterios de la campiña inglesa, adobada de crímenes y personas que toman pudding o beben un té fuerte, puede salvarte el día. No obstante, hay relecturas selectivas: solamente relees algunos pasajes, o vas a buscar esas páginas en las que, no sabes por qué motivo, hay cosas que te llaman y que te llenan. Eso me ocurre, por ejemplo, con los libros de D. H. Lawrence. La relectura de determinados pasajes de "Mujeres enamoradas" (por ejemplo, la escena de la boda de la hermana de Gerald Crich, con su visión  paralela de una realidad dual, la de los mineros de las Middlands y la de los burgueses ricos), es algo que me causa siempre una satisfacción que parece nueva. La relectura de la poesía es mucho más lógica. De cualquier libro de poemas siempre hay algunos que son más tuyos, que te han hecho vibrar más, que los entiendes mejor, por alguna razón desconocida.

Y ahora, para los padres: no sé si estaréis de acuerdo conmigo en la felicidad que produce que tus hijos lean aquellos libros que tú leístes antes. Ese diálogo que se entabla, a partir de la lectura transitada por nosotros, con los chavales, no tiene precio. Comprenderás cosas que tú mismo no viste y ellos abrirán un poco más los ojos. La lectura compartida con los hijos es una de las cosas que más y mejor nos pueden hacer felices.
Y lo mismo puede decirse del maestro, del profesor, que pone delante de sus alumnos algo, alguna obra literaria o fragmento que, antes, otro maestro o profesor, le puso a él. Esos profesores que se quedan en nuestra retina y que vuelven cuando somos mayores, en forma de frase recordada o con cualquier otro detalle. Por ejemplo, estos días pasados vagabundeaba yo por Internet cuando, de pronto, encontré noticia de mi viejo catedrático de Latín del Instituto, Don Alberto Agudo Luengo. Había sido para mí un profesor extraordinario, serio pero con el sentido del humor que te da la inteligencia y la vida. Nos enseñaba un Latín con vida, como si fuera una lengua viva, con unos romanos que formaron parte de nuestras vivencias escolares y de los que todavía recuerdo pensamientos y anécdotas. Pues bien, Don Alberto Agudo Luengo, que también fue el único director que conocí en mis años de Instituto, resulta ser una persona de apasionante biografía, represaliado tras la guerra, amigo de Don Antonio Machado, fundador de centros educativos desde el ostracismo, animador de la vida académica de mi pueblo, San Fernando, durante años. El pueblo le ha pagado, eso sí, de dos maneras muy distintas: con el cariño y el recuerdo permanente de los que fuimos sus alumnos de Letras (minoritarios pero selectos), y con la desidia y la ignorancia de quiénes se negaron a poner su nombre a un Instituto, quizá por desconocimiento o por sabe Dios qué circunstancia adversa.

Volvamos a lo nuestro. Regalar libros. La mejor inversión de futuro. Y sin índices a la baja, ni deudas públicas, ni Ibex 35, ni agencias de calificación. Libros.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Narraciones cotidianas

Sobre el libro "Lugares que no quiero compartir con nadie" de Elvira Lindo, publicado por Seix Barral. Biblioteca Breve. Primera edición noviembre 2011"
Me gusta mucho esta escritora. Tiene una gran capacidad narrativa y mucho sentido del humor, incluso con ella misma. También me parece alguien cercano, quizá porque nació en Cádiz, o porque la escuché durante algún tiempo cuando intervenía en la radio, haciendo de Manolito Gafotas. El caso es que, además de su saga Manolito, he leído otros libros suyos, novelas y colecciones de artículos. El que acaba de salir y os comento aquí es un libro muy recomendable. Se lee de forma muy agradable y resulta instructivo y ameno. Como sabéis seguramente, Elvira Lindo lleva algunos años viviendo en Nueva York, debido a que su marido, el también escritor y articulista Antonio Muñoz Molina fue director del Instituto Cervantes durante algunos años y después, en la actualidad, profesor en la Universidad de Columbia. Así que Elvira Lindo reparte su vida entre Nueva York y España.

Como conocedora de la gran urbe americana ha escrito un libro en el que se recogen curiosas escenas de bares, restaurantes, locales de todo tipo, además de personajes diversos e incluso recomendaciones de comida, música y aficiones de la gente en Nueva York. Puede servir de guía de viajes, aunque lo más interesante está en la forma de narrarlo todo, tan fresca, directa y diáfana. Además de reflejar su vida de seis meses al año en la ciudad americana, Elvira Lindo entreabre la puerta a sus propios sentimientos: su amor por su hijo, su existencia plena con su marido, sus amigos, sus conocidos y todas esas personas que están dentro de su devenir diario, incluyendo su psiquiatra. Este es un libro que se lee con gusto y con rapidez. De su contenido me he quedado con la imagen de la autora deambulando por la ciudad, gastando sus zapatos en andar y andar, recorriendo calles y plazas, parques y orillas, calmando su ansiedad crónica y severa (como ella misma la califica) y tratando de asimilar, con la mayor rapidez posible, algo del alma de aquel sitio.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Renace Chaves Nogales

La obra del periodista y escritor  Manuel Chaves Nogales, desconocida por el gran público y falta de ediciones críticas serias, parece salir a la luz gracias al trabajo, sobre todo, de Maribel Cintas, vecina de Tomares y catedrática de Lengua y Literatura. En el suplemento cultural de El País, Babelia, aparecía recientemente una entrevista con Pilar Chaves, hija de Chaves Nogales, que reproducimos:

Pilar Chaves, única hija viva del periodista y escritor Manuel Chaves Nogales (Sevilla, 1897-Londres, 1944), cuya obra está siendo rescatada por varias editoriales, ha dicho a Efe, a sus 91 años: "Me entusiasma todo lo que salga de mi padre, porque ha estado muchos años en la oscuridad".
En la misma semana que han llegado a las librerías 'La defensa de Madrid' y 'Crónicas de la Guerra Civil', con reportajes y artículos sobre la contienda que han sido hallados en hemerotecas mexicanas por la biógrafa de Chaves Nogales, Isabel Cintas, su hija Pilar ha confesado que incluso la familia del periodista no ha sabido de la existencia de esos textos durante todos estos años.
Pilar Chaves vive en el entorno de Marbella (Málaga) desde que hace treinta años se jubiló su marido, un ingeniero informático inglés con quien tuvo dos hijos, también informáticos y que viven en Inglaterra y, a sus 91 años, en primavera y en verano, sigue practicando la natación casi a diario.
Con el reciente rescate de otras obras de su padre, como 'La agonía de Francia', 'Lo que ha quedado del imperio de los zares' o 'El maestro Juan Martínez, que estaba allí', Pilar ha asegurado que le "ilusiona ver cosas que sabía, y otras que voy recordando".
Una de las obras preferidas de las de su padre es, junto con la biografía de Belmonte, 'La agonía de Francia' porque explica cómo el periodista logró salir de Francia dos días antes de que los alemanes entraran en París, y la familia nunca supo cómo pudo aguantar hasta última hora y salir con bien.
Pilar recuerda a su padre como "un hombre guapo, joven y cariñoso, muy activo, amante de la familia, con sentido del humor; pero murió a los 47 años...¡Si hubiera vivido diez años más y hubiera visto el final de la guerra!".
"El tiempo que estuve más cerca de él fue cuando estuvimos en el exilio, en Francia; era periodista y trabajaba mucho de noche ,y de día estábamos en el colegio; además, con nueve años me mandó a un internado en Inglaterra, y todavía me pregunto cómo mi padre logró que mi madre accediera a mandarme a Londres", ha comentado con humor.
Después estalló la Guerra Civil, la familia marchó a París y, al ser invadida Francia, Chaves Nogales saltó a Inglaterra y su esposa, Ana Pérez Ruiz, embarazada y con sus hijos Pilar, Josefina y Pablo, regresó a España, de modo que dio a luz a su cuarta hija, Juncal, en Irún, en el viaje de regreso para establecerse en casa de unos familiares en El Ronquillo (Sevilla).
Pilar ha recordado cómo su padre ya no vio nunca a su cuarta hija, Juncal, que tenía 4 años cuando su padre falleció en Londres en 1944: "Aquellos cuatro años vivimos separados de mi padre, con quien era muy difícil incluso comunicarse porque la censura era muy severa, y mi madre fue advertida por las autoridades cuando llegamos al pueblo".
Tras la Guerra Mundial, marcharon a Inglaterra, donde Pilar ha vivido 50 años, donde se casó en 1954 y trabajó en la Embajada de México y en la BBC entre 1951 y 1952 leyendo informativos para Latinoamérica y España: "He buscado en la BBC discos o grabaciones de mi padre, pero no he encontrado nada".
"Después de dedicar unos años a mis hijos, estudié Sociología en la Universidad de Londres y, aunque nunca trabajé en ello, me ha abierto muchos horizontes", ha señalado Pilar Chaves, para comentar con humor: "Soy muy inglesa, como mi padre, que era muy anglófilo y eso se nota en sus escritos, pero me encuentro muy española; tengo doble personalidad".
La hija de Manuel Chaves Nogales, al igual que cree su biógrafa, la profesora de la Universidad de Sevilla Isabel Cintas, está segura de que debe de haber más crónicas y artículos de su padre olvidados en hemerotecas de varios países de Latinoamérica, ya que desde Londres mantuvo una gran actividad periodística los últimos cuatro años de su vida.

(Texto de Sanz Villanueva para Babelia)

En estos momentos, ya puedes encontrar en nuestra biblioteca la biografía de Chaves Nogales escrita por María Isabel Cintas. En próximos días llegarán sus últimos libros. Está previsto celebrar un seminario sobre Chaves Nogales, en los días previos a nuestra Feria del Libro, para profundizar en el conocimiento de este autor. Por cierto, en la Comunidad de Madrid, en concreto, en Alcorcón, hay un colegio de Infantil y Primaria que se llama Chaves Nogales, en memoria de este escritor. ¿Hay alguno en la provincia de Sevilla o en Andalucía? Creo que no. Cosas del olvido que esta tierra hace a sus hijos...

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Se anuncia un matrimonio

Sobre el libro "Levadura de malicia" de Robertson Davies. Traducción de Concha Cardeñoso. Libros del Asteroide, 2011.

Robertson Davies (1913-1995), nació y vivió en Canadá. Fue actor de teatro, periodista, dramaturgo, productor y escritor de novelas, 11 en total, que organizó en trilogías. "La trilogía de Salterton", "La trilogía de Deptford" y "La trilogía de Cornish". Dejó inacabada "La trilogía de Toronto". También fue profesor de Literatura de la Universidad de Toronto y escribió libros de cuentos. Ejerció la crítica literaria.

"Levadura de malicia" es un curioso libro, publicado en el original en el año 1954, y que forma parte de la "Trilogía de Salterton". Tiene un estremecedor y absolutamente impactante punto de arranque en el anuncio, en un periódico local, de la tranquila ciudad de Salterton, del falso compromiso matrimonial entre dos jóvenes de la clase alta de la ciudad. El matrimonio se anuncia para el día 31 de noviembre. A partir de ahí, la trama transcurre de una forma inédita, con un lenguaje que te planta en el sillón sin que puedas dejar su lectura, y que te hace leer casi de un tirón un libro tan distinto a otros que no puedo dejar de recomendártelo. Está en nuestra biblioteca.



martes, 6 de diciembre de 2011

Leer la Constitución

Hoy, 6 de diciembre, se conmemora el aniversario de la Constitución Española de 1978, la ley máxima que nos rige a todos los españoles. La Constitución fue aprobada por las Cortes, en sesiones plenarias del Congreso y el Senado, el 31 de octubre de 1978. Fue ratificada por el pueblo español en referendum el 6 de diciembre de 1978 (de ahí la celebración de este día). Asimismo, fue sancionada por S. M. el Rey ante las Cortes el 27 de diciembre de 1978.
En estas fechas solemos tratar con los alumnos en las aulas algunos de sus artículos y también darles a conocer los pormenores de su redacción o de su aprobación. Todo ello es importante. Nuestros alumnos tienen derecho a conocer este texto que fue consensuado en su momento y que es la base legal de la convivencia de todos los habitantes de España. No hace falta ser un estudiante de Derecho Constitucional para leerla con detalle y conocerla bien. Es un texto relativamente corto y que se entiende muy fácilmente. Quizá fuera bueno que se trabajara más en las aulas con ella y que conociéramos bien nuestra Ley de Leyes. Eso haría que los alumnos apreciaran quizá la suerte de vivir en democracia, en un Estado de Derecho.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Manolito

Me confieso absoluta seguidora de Manolito Gafotas. El personaje creado por la escritora Elvira Lindo (Cádiz, 1962), ha aparecido en siete libros, después de haber surgido como un "niño de la radio" que su autora hacía desde 1981. Todos los he leído y todos me han encantado. Son:

Manolito Gafotas
Pobre Manolito
Cómo molo
Los trapos sucios
Manolito on the road
Yo y el imbécil
Manolito tiene un secreto

En ellos aparece Manolito, ese niño con gafas que vive en Carabanchel Alto, rodeado de los personajes que forman su mundo: Su madre, Catalina; su padre, Manolo; el camión de su padre, que también se llama Manolo; su abuelo, Nicolás; su hermano, el Imbécil; su vecina Luisa; sus amigos Orejones López y Susana; la sita Asunción, su maestra y la Sita Espe, la psicóloga del colegio... Los libros, editados en Alfaguara Juvenil, están escritos con ese lenguaje fresco y cercano que tanto atrae a los niños y a los jóvenes, mostrando situaciones de todo tipo desde una visión irónica, risueña y, también, tierna.


El éxito del libro, de los libros, dio lugar a una película, cuya protagonista fue Adriana Ozores, en el papel de la madre de Manolito. Antes de eso, fue también personaje radiofónico de los fines de semana en la cadena SER, con la intervención dialogada del mismo Manolito en conversación con Fernando Delgado, el conductor del espacio. El primer libro, editado en 1994, tuvo nada menos que 10 ediciones, y estaba dedicado a Antonio Muñoz Molina, marido de la autora desde hace años y también escritor y periodista. Los dibujos creados por Emilio Urberuaga han fijado los tipos que imaginó Elvira Lindo y la canción Campanera de Joselito, es el leit motiv musical de toda la saga.

Elvira Lindo ha trabajado en teatro y en cine como actriz, algo que le gusta mucho. También colabora con la prensa escrita (El País), algunos de sus artículos los hemos citado y comentado en este blog y hemos trabajado en el Proyecto Almanaque. Vive entre Nueva York y Madrid, dos ciudades que le encantan y sigue con detalle la vida cultural y literaria, la vida en suma.


viernes, 2 de diciembre de 2011

Compromiso irrenunciable

En el Salón de Actos de nuestro Instituto ha tenido lugar el acto de celebración del Día Internacional de la Discapacidad. Un grupo de antiguos alumnos de integración han venido a contarnos sus experiencias: algunos estudian, otros trabajan, otros esperan su oportunidad... Ellos nos han transmitido que es posible y es su derecho lograr un sitio en la sociedad. Nuestros actuales alumnos han compartido con ellos el acto y también un desayuno posterior en el que ha habido un reconocimiento para el trabajo realizado por sus profesoras, sobre todo por Inmaculada Juliá, que lleva doce años en el centro haciendo que estos niños y niñas tengan su oportunidad.

Os transcribo un artículo de prensa sobre el tema, que se publicó hace unos meses en ABC de Sevilla y que escribí pensando en estos niños:


LOS NIÑOS INVISIBLES

Imagina que estás sentado en un pupitre, en un aula cualquiera de cualquier centro educativo, durante seis horas al día, cinco días a la semana. Estás sentado y pasan por delante de ti conceptos, ideas, trabajos, problemas, palabras… sin que logres entender qué significan. Imagínatelo porque así se sienten los niños invisibles, los niños del último banco como los llamaba el poeta Lorca, los niños que, por el azar de la vida, que es caprichoso e injusto, tienen “algo” que los sitúa en un lugar lejano del saber.
He conocido a algunos de estos niños y puedo citar sus nombres y sus historias. Está Gregorio, que era hijo de unos temporeros y que nunca estuvo más de un curso en el mismo sitio. Su asombro era el mismo cada año, pues tenía que ver rostros nuevos, aulas diferentes, profesores distintos. También Manolito, que no lograba, por más que lo quisiera, unir los trazos de las letras convenientemente, de forma que las letras formaban en su cuaderno un mapa indescifrable, que no tenía sentido ni aspecto reconocible. He conocido la historia de Salvador, que no pudo hacer la Primera Comunión, como todos sus hermanos, porque no logró aprenderse las oraciones y el cura no quiso. Y la de Mercedes, que se sentaba afanosa sobre su cuaderno de sumas y restas, con el lápiz en la mano, la mirada fija y una dolorosa interrogación que no cesaba nunca.
Estos niños invisibles están en cualquier sitio. Son los niños que se encuentran a medio camino, en la frontera, niños de nadie. No tienen una deficiencia que les pueda situar en el grupo de los que reciben ayuda especial, pero tampoco pueden aprender, pues “algo”, un pequeño detalle, lo impide. El ir y venir de un lado a otro como en el caso de Gregorio; una dificultad que nadie logró advertir en Manolito y que se traduce en ver las letras de una forma diferente; una negligencia médica en el parto de Salvador, por lo que, durante un instante, el oxígeno dejó de llegarle; una sordera inadvertida en Mercedes… A veces, los niños invisibles, no tienen ningún problema físico, sino una familia desintegrada, marginal, un ambiente negativo, mil y una cosas que se pueden conjugar para hacer que estos niños no hagan  lo que deben hacer todos los niños en todas las escuelas del mundo: aprender.
Tantas veces hablamos del sistema educativo. Hablamos de que hay que mejorarlo. Mencionamos los índices de abandono, los porcentajes de los que no titulan, los casos de violencia y de agresiones, los problemas del acoso entre iguales… Pero, inadvertidamente, sin hacer ruido, en silencio, en una esquina de la clase, en un rincón del patio, muchas veces sin amigos y sin que nadie les sonría, allí están, en las escuelas, en los colegios e institutos, los niños invisibles, los que no aprenden, engrosando cifras, muchas veces sin que nadie repare en ellos, otras veces rompiendo el silencio de una forma inexplicable.
¿Quién puede soportar un fracaso tras otro? ¿Quién puede seguir intentándolo cuando lo que tiene delante es un jeroglífico que no se puede descifrar? Los niños invisibles necesitan otra atención: más tiempo, modos diferentes, grupos más pequeños, métodos apropiados, recursos, y, sobre todo, el bálsamo mágico de dos palabras que siempre, siempre, surten efecto: respeto y cariño.
Detrás de los niños invisibles hay, en algunas ocasiones, familias que no les ofrecen apoyo, amor, seguridad, cuidados. Pero, en otros muchos, muchísimos casos, detrás de estos niños hay familias preocupadas, madres que atisban el recreo desde los barrotes de las escuelas y que ven, un día y otro, a sus hijos en un rincón del patio, aislados, jugando solos, o sin jugar. Hay familias que ven como sus hijos pasan el tiempo sin que el conocimiento llegue a sus vidas, sin que la maravilla del saber los transforme. No importa que pasen de curso, las familias saben que eso no les va a garantizar un puesto en la sociedad, porque no han aprendido nada.
¿Cómo es posible que un niño pase en la institución escolar diez o doce años sin que aprenda nada? ¿Quién puede soportar este fracaso? ¿Por qué no se encienden las alarmas, las luces rojas, cuando un niño termina el año sin haber aprendido lo mismo que los otros?
No penséis, lo repito, que me refiero a niños con deficiencias físicas o psíquicas. No.
No me refiero a esos niños, sino a aquellos otros cuyos problemas no existen oficialmente. Pequeños problemas, situaciones que no llaman la atención, deficiencias mínimas que son difíciles de detectar y que, las más de las veces, generan la duda entre los profesores porque se dan cuenta de que a ese niño le pasa “algo”. Ese “algo” que les impide aprender. Son estos niños, los niños que están en tierra de nadie, en la frontera, los que me preocupan. Porque no estamos haciendo por ellos lo suficiente. Porque la mayoría de ellos se quedan en el camino. Porque la escuela es inflexible para ellos. Es dura, inhóspita, impenetrable.
Imagínate, horas y horas oyendo cosas que no entiendes. En silencio, día tras día. Imagínate el momento de hacer el examen de algo que no has aprendido. Imagínate cuando vas a recibir la nota de ese examen que, indefectiblemente, vas a suspender. Y así siempre.
No me refiero a los niños violentos, a los niños agresivos, a los niños que estropean la marcha de la clase. No. Me refiero a los niños que no hablan, que no estorban, que están en silencio, aburridos, solos, perdidos en sí mismos, llenos de dudas, niños sin sitio, que nunca tendrán un premio, un diploma, un título, la satisfacción de aprender y de hacer las cosas bien hechas.
Os he puesto delante el problema. Los profesores lo vemos todos los días. Ahora, cuando se habla tanto de educación, no estaría de más pensar en ellos, en lo que necesitan (ya sabéis respeto, cariño y trabajar con ellos de una forma tranquila, ordenada, despacio, con sosiego, parándonos en lo fundamental, en grupos pequeños, con buenos profesores, los mejores si es posible). Pensar en ellos porque, dentro de los números del fracaso escolar, su presencia es importante. Porque el fracaso escolar no es una frase hecha, sino una realidad para ellos. Una realidad que estamos obligados a cambiar. Por Gregorio, por Manolito, por Salvador, por Mercedes…
(Catalina León Benítez)