sábado, 20 de agosto de 2011

¿Dónde estoy?

Mi madre tiene Alzheimer. Como es una enfermedad de la que se conoce poco y que se manifiesta de forma diferente según la persona, pues hay cosas que le cuestan, otras que olvida y otras que permanecen en su interior, guardadas en un lugar a la que la niebla de la enfermedad no llega. "Esas cosas imborrables" son, para ella, las palabras, la lectura, los libros, los nombres de los autores y los títulos de sus libros, los que tiene en una estantería donde casi no caben. Ella dice, "mira aquí están mis libros, porque me gusta mucho leer y leo sin gafas las letras grandes. Este autor es muy famoso (se refiere a Grisham) y en este otro libro cuentan la biografía de Lady Di, la pobre, que se mató en un accidente. También tengo otras biografías, porque me gustan mucho y libros de aventuras y todos los libros de la colección del Coyote, que son una especie de tebeos". Ella me dice siempre que coja cualquiera de sus libros y que me los lleve para leerlos. En el centro al que ha empezado a acudir le encargan tareas que sirven para estimular su memoria y su pensamiento, para retener las cosas: coser, sobrehilar, y todo aquello que tiene que ver con el cuidado de la casa. Pero lo suyo, lo que más le gusta y le ha gustado siempre (además del cine, que ya no oye) es leer.
Las palabras no se le han olvidado, ni la facultad de leer y entender la lectura, incluso cuando aparecen rótulos en la televisión, que no oye, porque prescindió de su aparato para el oído hace años y ya no ha querido volver a oír. Las palabras no se le han olvidado, ni los nombres de los escritores, ni las grandes heroínas, pero no sabemos por cuánto tiempo. Esta es una enfermedad rara y desconocida, así que quizá deje de poseer su mayor tesoro, lo que la ha distinguido siempre de las mujeres de su edad: su amor por las palabras, por los libros, por los periódicos, por todo lo que significa saber y entender el mundo. Quisiera que la enfermedad fuera clemente con ella y no le quitara nunca ese placer ni tampoco la expresiva alegría con que nos recibe cuando nos ve y nos llena de besos.

3 comentarios:

  1. Me siento identificada con su historia porque, también tengo a mi madre con la misma enfermedad pero lamentablemente a ella que le gusto mucho la lectura, ya no los lee...solo los hojea....espero que su madre conserve por mucho tiempo la habilidad de leer.

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  2. Entonces, ya sabes cómo es esto. Suerte.

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  3. No se si dejó de leer cuando empezó a apagarse o si empezó a apagarse cuando dejó de leer. Pero ya no fue la misma desde que no tenía aventuras que contar de sus libros. Eran su pasión y creo que la mejor herencia que nos ha dejado a muchos de sus hijos. A mi me invitaba a leer los que les parecía muy interesante en ese momento. Decía que yo sabía cuidarlos y siempre se los devolvía. Y era verdad, entendía su amor por los libros porque a mi me ocurre lo mismo.

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