lunes, 1 de noviembre de 2010

Lecturas para jóvenes y niños


He aquí algunos títulos que pueden servir para que nuestros alumnos se aficionen a la lectura. Han sido escritos por autores muy distintos, en épocas diferentes y, seguramente, con intenciones diversas. Pero todos ellos tienen en común que son interesantes para los más jóvenes, por lo que nos parece adecuado recomendar su lectura:

*De María Gripe, en la editorial SM: "Los escarabajos vuelan al atardecer". Una casa deshabitada llena de posibilidades. Tres amigos con todo el verano por delante. Unas cartas antiguas con un misterio y un maleficio que no han desvelado los siglos. Quizá, después de tanto tiempo, se podrá resolver el enigma.

*De Cornelia Funke, en la editorial Siruela: "El jinete del dragón". La tierrra de los dragones en Escocia ha sido amenazada por los humanos. Lung, un joven dragón, tendrá que buscar ayuda antes de volar hacia el Himalaya, donde según las leyendas se escondieron los últimos dragones.
*De Guillermo Martínez, en la editorial Destino: "Los crímenes de Oxford". Un estudiante de matemáticas argentino viaja a Oxford con fines académicos. Pero poco después de su llegada se encuentra con el cadáver de la anciana que lo alojaba, junto con un desafío matemático del asesino.

*De Angie Sage, en la editorial Montena: "Septimus y el último alquimista". Silas Heap nunca debería haber abierto esa habitación sellada del palacio. Ahora, quinientos años después de su muerte, el fantasma de la reina Etheldredda ha vuelto y trama un diabólico plan.

*De J.K. Rowling, en la editorial Salamandra: "Los cuentos de Beedle el Bardo". Los cuentos de Beedle el Bardo contienen cinco cuentos de hadas muy diferentes, cada uno con su propio carácter mágico, que deleitarán al lector con su humor y la emoción del peligro de muerte.

*De Joseph Conrad, en la editorial Galaxia Gutenberg: "El corazón de las tinieblas" con ilustraciones de Ángel Mateo Charris. El escarabajo se arrastraba exclusivamente hacia Kurtz. Pero cuando el casco comenzó a hacer aguas nos arrastramos muy lentamente. Aquellas grandes extensiones se abrían ante nosotros y volvían a cerrarse, como si la selva hubiera puesto poco a poco un pie en el agua para cortarnos la retirada en el momento del regreso. Penetramos más y más espesamente en el corazón de las tinieblas. Allí había verdadera calma.

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