domingo, 7 de noviembre de 2010

El escritor peruano Fernando Iwasaki habla a nuestros alumnos de su paisano Vargas Llosa


Mañana lunes, 8 de noviembre, en nuestra biblioteca se desarrollará un encuentro de Fernando Iwasaki, escritor y periodista peruano, con alumnos de tercero de ESO, cuarto de ESO y segundo de Bachillerato. En este encuentro, Iwasaki explicará a los alumnos los aspectos más relevantes de la obra literaria del último premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, así como de su novela recientemente publicada "El sueño del celta" y también la influencia de la literatura peruana en la obra del Nobel.

En el ABC de Sevilla de hoy domingo aparece una columna de Fernando Iwasaki dedicada a la novela de Vargas Llosa. He aquí lo que dice:

He leído «El sueño del celta» (Alfaguara, 2010) con el mismo asombro con el que he leído toda la obra de Mario Vargas Llosa y puedo asegurar que estamos ante una novela fastuosa que ha nacido de la lectura de los clásicos, que ha supuesto una titánica documentación, que se ha nutrido de las obras anteriores del propio autor y que es un prodigio de belleza y precisión de la escritura en español. A continuación argumentaré cada una de mis afirmaciones.
«El sueño del celta» nace de los clásicos, sí, mas no sólo de «El corazón de las tinieblas» (1902) de Conrad, sino además de «La vorágine» (1924) del colombiano José Eustasio Rivera. Yo me esperaba un colosal protagonismo africano, y he sido sorprendido por la ordalía amazónica de Roger Casement, olvidado personaje histórico y memorable criatura literaria. Releí la novela de Conrad antes de leer la nueva de Vargas Llosa y ahora me urge releer a Eustasio Rivera. Sólo un libro magistral puede instarnos a releer dos obras magistrales.
Se ha hablado hasta la saciedad de los viajes de Vargas Llosa por el Congo, Irlanda y la Amazonía, pero nada o muy poco acerca de los expedientes y periódicos de la época que Vargas Llosa ha tenido que consultar por archivos, bibliotecas y hemerotecas de cuatro países. Pienso en los informes de Casement sobre los abusos del Congo y el Putumayo, en el juicio contra el infame cauchero Julio César Arana o el proceso que condenó a Roger Casement por traición a la patria. Hasta personajes marginales como el criminal Armando Normand cuentan con una ingente bibliografía.
Por otro lado, con «El sueño del celta» Vargas Llosa regresa a los entornos selváticos que caracterizan «La casa verde» (1966), «Pantaleón y las visitadoras» (1973), «La guerra del fin del mundo» (1981), «El hablador» (1987) y «El paraíso en la otra esquina» (2003), pero la abyecta deshumanización de los europeos del Congo y el Putumayo nos remite a la deshumanización en clave clásica de los personajes de «Lituma en los Andes» (1993), y el tratamiento de la homosexualidad de Casement me ha llevado a revisar «Historia de Mayta» (1984), una de las novelas más denostadas de Vargas Llosa y que gracias a «El sueño del celta» exige una relectura y un desagravio, pues el trotskista Alejandro Mayta fue miniado con la misma consideración y delicadeza que Roger Casement.
Finalmente, debo descubrirme una vez más ante la prosa, la técnica narrativa y la ambición totalizadora de Mario Vargas Llosa, pues «El sueño del celta» es ejemplar y admirable en cada una de las expresiones enunciadas. Así, no sólo estamos ante una extraordinaria novela escrita en español, sino ante una maravillosa novela que lo seguirá siendo en cualquier lengua del planeta.
No me he referido ni a la trama ni a la historia, porque estas reflexiones serán mejor apreciadas después de leer «El sueño del celta», la novela del Nobel.

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