domingo, 31 de octubre de 2010

Dostoievski nos abre su corazón


Fedor Dostoievski (1821-1881) fue un escritor apasionante con una vida apasionante. El creador de una nueva forma de entender la novela por la cual el autor no es un simple transcriptor sino que se refleja en el texto como si de un personaje más se tratara, acaba de volver a las novedades de nuestras librerías con una edición completa de su "Diario de un escritor". En esta obra el autor escribe lo que quiere. Esto, en el caso de cualquier autor es algo formidable. Pero, además, en este caso, tiene un significado profundo, puesto que Dostoieski luchó toda su vida (y padeció, podemos decir) por escribir lo que quería, lo que pensaba y sentía. Sin embargo, su espíritu crítico en el contexto de la Rusia zarista le ocasionó pena de muerte, cárcel, malos tratos, deportación, enfermedades y sufrimiento.

Y, cuando pudo librarse, relativamente, del ojo vigilante del Estado, entonces tuvo que capear el temporal de los editores sin escrúpulos, ante los que debía rendir cuentas. La publicación de sus textos en las dos revistas que él mismo creó, nos hablan de su necesidad de libertad creativa. Las muchas vicisitudes por las que pasó hasta que obtuvo un reconocimiento universal que le sirviera como salvaguarda ante su propia sociedad, nos indican que el camino fue difícil.

Este "Diario de un escritor" es un emblema de la constante lucha de Dostoievski por preservar su libertad de pensamiento y su propia creación literaria, tal como él la concebía, sin censuras políticas ni imposiciones comerciales. Ahí es nada. Esa misma lucha es un elemento común en toda la historia de la literatura y, yo diría más, en toda la historia de la creación artística. Recuerdo ahora a Benvenuto Cellini, el orfebre italiano que tenía que compaginar el gusto de los mecenas que le pagaban sus obras, con su propia inclinación y opinión. Recuerdo también las dificultades económicas de Miguel de Cervantes, que le llevan a dedicar sus libros a los nobles que, supuestamente, debían protegerlo y ampararlo. Cómo no recordar que el mismo Velázquez solamente pudo esbozar, en su estancia en Italia, las ansias de búsqueda de nuevas formas de expresión, coartadas quizá por el mucho tiempo que debió dedicar a responder a los encargos reales.

"Diario de un escritor" que acaba de publicarse en la editorial Páginas de Espuma, en una edición completa al cuidado de Paul Viejo, recoge los textos que el escritor ruso hizo para la revista El Ciudadano, que él mismo dirigió a partir de 1873. En esa revista colabora con una sección titulada así y que supone una especie de encuentro con los lectores, ante los que desgrana su pensamiento, su postura ante los acontecimientos, su forma de entender las cosas, en suma. Todas las contradicciones de sus ideas y el resumen de su vida compleja y atormentada, cuyo final estaba cerca, pues murió en 1881, aparecen en estos textos periodísticos ahora rescatados en su versión completa.

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