jueves, 28 de octubre de 2010

Aquí está Don Juan Tenorio



Las grandes superficies, los pequeños comercios del barrio, las tiendas de los "chinos" (antes, tiendas de los "veinte duros"), todos, todos los lugares en donde se practica el noble arte de comprar y vender, están llenos estos días de finales de octubre, de unos tubérculos anaranjados, llamados calabazas.

Las calabazas aparecen en los escaparates, en los anaqueles y estanterías; algunas son pequeñas, tienen luces o sonido; otras son grandes; las hay en papel, en forma de caretas o máscaras; las hay también redondas y enormes. Toda una variedad de calabazas para celebrar la noche de Halloween, invento americano que, como todo lo que viene del mundo anglosajón, "amenaza" con convertirse, dentro de muy poco, en una arraigada costumbre andaluza y española.

Los que más celebran el Halloween son los niños de las clases de Infantil. Ahí llevan ya varios días recortando y pegando, coloreando y señalando, trazando calabazas y buscando calabazas (la búsqueda está, más bien, a cargo de las madres, que rastrean las tiendas para conseguir el preciado objeto que el niño llevará al aula al día siguiente). Los adolescentes se disfrazan y se dedican a recorrer el barrio y a llamar a las puertas de los vecinos, vestidos de mamarrachos (que no es nada malo, sino que es un disfraz casero, que uno mismo compone), con la cara blanca, los dientes ensagrentados de Drácula y el consabido "Truco o trato", es decir: "Trick or treat".

Nuestros niños de los grupos bilingües se llevan la palma en esto del "calabaceo". Puesto que ellos estudian, no solamente el idioma sino también la cultura, pues otra cosa sería impensable, han cubierto las clases de toda suerte de calabazas y están a la cabeza de quiénes, por Halloween, buscan asustar como sea al personal.

A todo esto, me ha dado en pensar en aquel galán sevillano que frecuentaba los cementerios y que, ataviado a la elegante usanza de la época, "subía a los palacios y bajaba a las cabañas", dejando en todas partes el eco de su "memoria amarga". Es decir, Don Juan, el Tenorio o Don Juan Tenorio, por más señas, aquí está Don Juan Tenorio para el que quiera algo de él. Ahí es nada.

Las representaciones del Tenorio son el elemento tradicional de estas fechas y tiene que competir, sin suerte alguna, con el Halloween, las calabazas, los disfraces de brujas y Jack Squeletor (este es mi personaje favorito) que va diciendo a voz en grito y con tono lúgubre: "Esto es Halloween, esto es Halloween, gritos en la oscuridad..."

Para los que creáis en la tradición y penséis que bien merece la pena mantenerla y acercarse a ella, podéis acudir a una de las dos representaciones teatrales del Tenorio que estarán estos días en Sevilla: la del teatro Quintero (por el Teatro Clásico y con el excelente Roberto Quintana en el papel de Don Gonzalo de Ulloa) y la del Teatro Lope de Vega (donde Producciones Excéntricas hace una relectura de la obra en clave de humor y cabaret).

Y si no podéis asistir a ninguna de estas dos formas de entender la tradición, aquí tenéis el enlace con la obra original de Zorrilla, para que podáis leerla en el puente, tomada de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

De todas formas, si preferís Halloween, buen truco o buen trato.

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