martes, 11 de mayo de 2010

Mortadelo, Ibáñez y los niños felices


Dedicado a Tony Mele, experto "mortadelista" y creador de Rudolf The Bad, en su cumpleaños

Entre estas dos imágenes de Mortadelo y Filemón hay algunas diferencias, porque, aunque no hayas reparado en ello, los personajes fueron cambiando su fisonomía con el paso del tiempo. Francisco Ibáñez, su autor, trabajador infatigable, no ha dejado de sacar a la luz historietas de estos especialísimos detectives, pero las imágenes se han adaptado a los tiempos, al igual que el contenido de las historias. Aunque no lo creas, a través de los "Mortadelos" un niño puede conocer la actividad política, cultural, social y deportiva, desde sus inicios hasta la fecha. Porque, con su toque de humor Ibáñez consigue poner sobre la mesa muchísimas cuestiones de toda naturaleza y así sus lectores se pueden enterar de acontecimientos de diverso tipo. Los tebeos de Mortadelo y Filemón son una crónica viva de la actualidad, por eso han perdurado a lo largo de muchos años, a diferencia de otros personajes de tebeo que han pasado a la historia y quedan en el terreno de la nostalgia (Las Hermanas Gilda, Carpanta, Zipi y Zape, Rigoberto Picaporte, La Familia Cebolleta, etc.). Mortadelo y Filemón son de ahora y de antes, no se han quedado atrapados en un tiempo que ya finalizó y hacen reir a nuestros niños, como antes nos hicieron reir a nosotros, incluso a nuestros padres. En sus páginas están Vicente Patente, Ofelia, Irma y tantos otros que son los acompañantes necesarios a los personajes principales, esos dos detectives que ven la vida de una forma tan peculiar.

A veces se ha escrito o discutido sobre si es posible dar el paso entre los Mortadelos y la que podemos considerar literatura con mayúsculas. En esto hay opiniones diversas, algunos piensan que no necesariamente un niño que lee tebeos llegará a ser, en su día, un lector. También hay quien dice lo contrario, que es muy probable que los acérrimos lectores de historietas sean luego lectores de otro tipo de libros y de historias. Como en casi todo, opiniones diversas.

Las opiniones de cada uno vienen marcadas, muchas veces, por nuestra propia experiencia vital y en ese sentido, te digo, amigo lector, que sí creo en la teoría de que, a partir de los tebeos, se puede llegar a ser un gran lector de todo tipo de obras. Pero esto hay que situarlo en su contexto: un niño que lee tebeos es, seguramente, un niño que tiene en su casa posibilidad de leer libros, de leer periódicos y observa a sus padres que son, asimismo, lectores. No siempre ocurre así, lo sé, pero en muchos casos este es el retrato de la situación. He visto con claridad y en primera persona, cómo desde el mundo de tebeo, del cuento, de los libros ilustrados, de los libros de dibujos, se puede ir dando pasos hacia delante, hacia la gran literatura, hacia la lectura que no solamente nos distrae, sino también nos enseña.

Pero, piénsalo, aunque no fuera así, aunque ese niño únicamente recalara en Mortadelo, imagina cuántas horas de risa, cuántas horas felices, cuánto tiempo soñando, cuánto espacio ganado en su vida. Cuánta compañía, cuánta complicidad, cuánto vacío que se llena, cuánto juego, cuántas tardes gozosas.

Así que reivindico el Mortadelo que los hace felices, que los hizo felices, que nos hizo felices y también el momento en que llegó Tin-Tín y en que llegó Astérix, y Allende y Laura Gallego y Harry Potter... Y de ahí, a Tocqueville y hasta quién sabe dónde...

4 comentarios:

  1. ¿El paso entre los Mortadelos y la Literatura con mayúsculas? Por supuesto que es posible: yo lo di.

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  2. Es verdad. Confirmo tu opinión: es posible llegar a Alexis de Tocqueville desde Mortadelo. Feliz día para ti, Biblos, y gracias por leernos.

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  3. Un hondero balear11 de mayo de 2010, 17:28

    Cuentos, comics, revistas y hasta la "Hojita Parroquial"... cualquier tipo de lectura (sobre todo si resulta gozosa) nos tenderá un puente hacia lecturas de mayor enjundia y complejidad. ¿Hay alguien que pueda cuestionar eso? Coincido plenamente con la opinión del artículo, aunque me gustaría insistir y defender un matiz que no deberíamos despreciar, y es el de asociar siempre la lectura con la felicidad y con el disfrute. ¿Alguien de vosotros recuerda con agrado un alimento que le resultara indigesto? Perseguir el lado gozoso de la lectura es la única llave que abre cualquier postigo, por muy atrancado que éste esté.

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  4. Sí, es cierto, tienes razón. Y no solamente la felicidad que da la lectura, sino esa felicidad anticipada que sentimos cuando tenemos un libro por leer que promete darnos muchas alegrías. Esa clase de felicidad que debería estar al alcance de cualquiera y que la escuela debería llevar a los niños por encima de todo.

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