domingo, 18 de abril de 2010

Visible e Invisible


Sólo se ve con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos. Esta es una frase que recuerdo desde que la aprendí. Ya sabéis que las palabras permanecen en un lugar recóndito, de donde vuelven cuando uno menos lo espera. En ese desván de la memoria, las palabras aguardan y, de improviso, salen y se convierten en sonidos. Por ejemplo: estaba yo viendo el amanecer de un día limpio de nubes y me asaltaron, sin previo aviso, las palabras del poema de Juan Ramón: Dios está azul. La flauta y el tambor anuncian ya la flor de primavera. Vivan las rosas, las rosas del amor, entre el temblor con sol de la pradera. Y así ocurre una vez y otra. Pasa lo mismo con el cine, con esas películas que forman parte de tu propio bagaje, por no sé qué motivos, o si lo sé, no es momento ahora de pararse. También las películas tienen imágenes, escenas y diálogos que interiorizas para siempre: Rebeca de Winter. Era bella, él la adoraba.

Todo eso que nos queda después del paso de los años, es lo que, en verdad, hemos aprendido, despojado de lo superflúo, de lo que prendimos con alfileres para salir del paso en un examen, de lo que no ha significado nada, en realidad.

La frase del Principito, con la que he comenzado el texto, es una de mis frases de cabecera. Creo en su verdad, creo que es cierta, al contrario de lo que ocurre con otras frases: muy bonitas y bien construidas pero que no significan nada, que no tienen nada de verdad. En realidad, nada.

Ahora Le Petit Prince, nuestro Principito, llega en forma de cómic. Ya os he contado que es el libro de cabecera de los niños de mi familia y que a todos se les regala a muy temprana edad. Hasta ahora El Principito ha aparecido siempre igual, en tapa dura o en tapa blanda, sin cambiar sus dibujos ni su portada. En este cómic que parece haber sido bien aceptado por los herederos de Saint Exupèry, hay dos cosas nuevas: una, el aspecto del Principito, que tiene un aire diferente, quizá menos lírico. Otra, que el propio autor, el aviador romántico Antoine de Saint-Exupèry, deja de ser un personaje del "atrás" (como se diría en el flamenco), para tomar protagonismo.

Hay dos cosas que no pueden cambiar y que no han cambiado en este traslado al cómic del libro mágico de este escritor francés: sus frases, sus diálogos, verdadero ejemplo de poesía y sensibilidad y el fondo de su personaje, ese muchacho solo, que vaga por mundos que son ajenos , que no tiene cobijo en ningún sitio. Me ha dado siempre una profunda pena este muchacho. ¿No os ha parecido enigmático, distante, asustado, inquieto?
El autor de esta adaptación Joaan Sfar, ha partido de su propia vivencia de la obra, que leyó con cinco años, cuando un tío suyo se la regaló para explicarle la ausencia de su madre muerta. En esa estrella están los sueños y las personas buenas que se marchan, diría el tío al niño en ese tiempo. La editorial Salamandra ha obtenido los derechos para su publicación, que en el original tiene la francesa Gallimard, y parece que el resultado ha convencido a todos, porque se ha respetado el aire melancólico y poético del libro.
Creo que los dos personajes poéticos que primero entienden los niños cuando se inician en la lectura, son el Principito y el burro Platero. Los dos se parecen mucho y tienen cosas en común. Cada uno en su estilo, viven en un mundo que no está hecho para la poesía. Aunque ellos son capaces de encontrarla en cualquier cosa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Realiza tu comentario dentro del respeto y la corrección.