miércoles, 31 de marzo de 2010

Mirad, una librería


Los milagros existen si hablamos de libros. Puedes pasear por un gran almacén en busca de nada, haciendo tiempo, mirando cuentos infantiles para recién nacidos (sobre todo si tienes un sobrino llamado David que acaba de cumplir tres meses) y, de pronto, sin previo aviso, ahí está, ahí hay un libro del que no habías oído hablar, de una escritora que no conoces (hay tantos escritores desconocidos que asusta pensar lo difícil que es encontrarlos a todos). Compras el libro, que, además, tiene un tacto muy agradable. Lo llevas a casa y, esa noche, de un tirón, vas y lo lees.

Os resumo mi experiencia con el libro "La librería" de Penélope Fitzgerald. Y aquí os escribo lo que cuenta la propia editorial de este libro, Impedimenta:

Novela finalista del Booker Prize, La librería es una delicada aventura tragicómica, una obra maestra de la entomología librera. Florence Green vive en un minúsculo pueblo costero de Suffolk que en 1959 está literalmente apartado del mundo, y que se caracteriza justamente por «lo que no tiene». Florence decide abrir una pequeña librería, que será la primera del pueblo. Adquiere así un edificio que lleva años abandonado, comido por la humedad y que incluso tiene su propio y caprichoso poltergeist. Pero pronto se topará con la resistencia muda de las fuerzas vivas del pueblo que, de un modo cortés pero implacable, empezarán a acorralarla. Florence se verá obligada entonces a contratar como ayudante a una niña de diez años, de hecho la única que no sueña con sabotear su negocio. Cuando alguien le sugiere que ponga a la venta la polémica edición de Olympia Press de Lolita de Nabokov, se desencadena en el pueblo un terremoto sutil pero devastador.

Después de leer el libro, llega el momento de descubrir algo más de la autora. Y lo que descubro no deja de ser interesante y apasionante:

Penelope Fitzgerald, de soltera Knox, nació en 1916. Era la hija del editor de Punch, Edmund Knox, y sobrina del teólogo y novelista Ronald Knox, del criptógrafo Dilly Knox y del estudioso de la Biblia Wilfred Knox. Fue educada en caros colegios de Oxford. Durante la segunda guerra mundial trabajó para la BBC. En 1941 se casó con Desmond Fitzgerald, un soldado irlandés, con el que tuvo tres hijos. Durante algunos años vivió en una casa flotante en el Támesis. Autora tardía, Penelope Fitzgerald publicó su primer libro en 1975, a los cincuenta y ocho años, una biografía del pintor prerrafaelita Edward Burne-Jones. En 1977 publicó su primera novela, The Golden Child, una historia cómica de misterio ambientada en el mundo de los museos. A lo largo de los siguientes cinco años publicó cuatro novelas vagamente autobiográficas, que la consagraron como una de las figuras más importantes de la nueva narrativa inglesa, comparable a Iris Murdoch o A. S. Byatt. Con La librería (1978) fue finalista del Booker Prize, premio que finalmente consiguió con su siguiente novela, A la deriva (1979, Mondadori, 2000). Siguieron Human Voices (1980) y At Freddie’s (1982). En este punto, Fitzgerald declaró que ya estaba cansada de escribir sobre su propia vida, y se decantó por la novela que desvelaba hechos y acontecimientos del pasado, desde un punto de vista histórico. La primera de ellas sería Innocence (1986), desarrollada en la Italia de los años 50 y que narraba la historia de amor entre la hija de un aristócrata arruinado y un médico comunista. En 1988 publicó El comienzo de la primavera (próximamente en Impedimenta), que tiene lugar en el Moscú de 1913, protagonizada por un pequeño impresor inglés perdido en los albores de la Revolución rusa. Siguieron The Gate of Angels (1990) y La flor azul (1995, Mondadori, 1998), centrada en la vida del poeta alemán Novalis. Penelope Fitzgerald murió en Londres en abril del año 2000. ´

Seguramente, desde ahora, buscaré libros de Penelope Fitzgerald (he visto que su apellido en inglés no lleva tilde) y que será una fiesta cada vez que encuentre alguno. También seguiré con interés las cosas que publique Impedimenta, porque es una editorial que no conocía y que descubrí con Eudora Welty, una editorial que pone a la venta libros muy curiosos, pequeños (nada de best sellers, quiero decir) y que a mí me gustan. Me gustan esos libros, que narran cosas cotidianas, que no son espectaculares, que casi nadie lee o que, al menos, aquellos que los leen no arman demasiado ruido. Libros que no aparecen en los TOP, sino que hay que buscarlos y rebuscarlos, como si uno entrara en la librería de Florence, en ese antiguo granero que otros en el pueblo querían dedicar a otras cosas, y nos tropezáramos con ella y con su ayudante, la niña de diez años que parece saber más que casi nadie.


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