viernes, 22 de enero de 2010

Potter, Harry Potter


Un adulto que vio en el cine una de las películas de Harry Potter me dijo que había quedado impresionado por el mundo paralelo, el mundo mágico, que ha construido la autora de la historia. El adulto fue al cine poco convencido, animado por su hijo, a quien el cine le resulta irremediablemente atrayente.
Otro adulto me dijo un día que no entendía por qué había tantos niños y jóvenes que se bebían literalmente estos libros y que todo debería deberse a la publicidad que tienen. Esta persona no encontraba nada positivo en los libros ni en su contenido.
Así que nos encontramos con la misteriosa sucesión de hechos por los cuales una obra literaria, en este caso una serie de siete libros, se convierten, no sabemos cómo, en un fenómeno editorial por un lado y, sobre todo, en un imán para muchísimos niños y jóvenes que, quizá, antes no leyeron otra cosa.
¿Pasa con estos chavales lo mismo que ocurre a veces con los adultos? Os explico. Cuando un libro se pone de moda (y esto ocurre bastantes veces si hay una buena campaña publicitaria o un premio literario que lo ampare) todo el mundo afirma haberlo leído. Hay libros que se convierten en los "más vendidos". ¿Quiere esto decir que son también los más leídos? Esta es una duda a la que cada cual pondrá respuesta. El hecho de que un libro se venda mucho ¿tiene que ver con que mucha gente lo lee o que resulta fácil adquirirlo porque está "por todas partes" y se nos viene inmediatamente a la cabeza?
Hay otros hechos en relación con el mundo editorial sobre los que merece la pena pararse. Por ejemplo, cuando un libro "pequeño" (ya sabéis, sin demasiadas pretensiones, con una edición sencilla, sin mucho despliegue mediático) se convierte en un libro que todo el mundo comenta, del que todos hablan. Ocurrió hace poco con "El niño con el pijama de rayas". Fue el boca a boca, los comentarios entre amigos y familiares, los blogs de Internet, los que corrieron la voz de que se trataba de un libro que había que leer, que se leía de un tirón, que era apasionante, misterioso, terrible...
A la autora de Harry Potter le costó mucho trabajo que su primer libro se publicara. Pero después de esa publicación le costó aún más quitarse de encima a los moscones que pretendían atraerla para sus propias editoriales. En España, la editorial que adquirió los derechos del libro, cuando todavía no se habían convertido en un éxito rotundo, hizo el negocio de su vida.
Volviendo a los dos adultos de los que hablaba al principio. El primero ha atisbado algo de lo que los lectores encuentran en Harry Potter y que tanto les atrae: ese mundo paralelo, tan perfectamente descrito, en el que las cosas encajan y tienen su sentido (lleno de sinsentidos, desde luego), como si se tratara de un libro histórico que narra otra época, otro ambiente, otro universo. El segundo ha pensado que si el libro tiene éxito ya hay un motivo para la desconfianza y él mismo desconfía de lo que se conoce como "literatura juvenil", sumando su prevención contra los best-sellers (como si todos tuvieran que estar mal escritos y nos olvidáramos de que algunos best-sellers son El Quijote o las obras de Shakespeare) y su poco aprecio por la literatura hecha para jóvenes (al fin y al cabo, a su juicio, gente de poco ídem, poco seria).
Pero Harry Potter está ahí. He visto a niños que han esperado ansiosamente que saliera un nuevo libro, incluso que han leído antes la edición en inglés porque no podían esperar; niños que se han aislado en cualquier lugar de su casa, lejos de los mayores, porque querían estar solos con su lectura, sin nadie que les interrumpiera. Harry Potter está ahí y no podemos negar la evidencia.
Hasta ahora mismo, Harry Potter está en la puerta de los Institutos y de las escuelas, pues no ha traspasado todavía su umbral. Y quiere entrar, quiere estar en las bibliotecas escolares, junto a otros personajes que, antes que él, también formaron parte de la maravillosa imaginación de sus autores. Harry Potter, Narnia, Los cinco, Guillermo el travieso, Alicia, Pinocho, Huckleberry Finn, Tom Sawyer, en las estanterías circulares, abiertas, blancas, de las bibliotecas, con el Lazarillo, con el Cid que cabalga, con los tertulianos de La Colmena, con los pícaros, con El Caballero de Olmedo, con Julieta...
¿Por qué no?.............................

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