sábado, 7 de noviembre de 2009

Un misterio cotidiano


Muchas veces nos preguntamos cómo podemos lograr que los niños se conviertan en lectores. Supongo que, al final, todo consiste en que haya un momento en su vida en el que encuentren un libro, unos libros, que les atrapen para siempre. Existen algunas personas que menosprecian ciertas lecturas: consideran que son demasiado simples, inferiores, carentes de enjundia literaria y sospechan que, a través de ellas, lo más que se puede llegar a leer son unos cuántos best-sellers.
Mi experiencia contradice estas afirmaciones. Cuando tenía doce años, más o menos, mi vecina Pepita puso en la puerta de su casa, enfrente de la mía, una caja de libros. Estaba haciendo limpieza en un desván y los libros le estorbaban. Como sabía que a mí me gustaba leer (y que leía todo el rato en lugar de ayudar en la casa, hacer labores, etc.) me avisó y, enmedio de la calle, me recuerdo sentada rebuscando entre los libros. Creo que me los quedé casi todos y así comencé mi propia biblioteca, algo que todo el mundo tiene que tener. Para distinguir esos que eran mis propios libros del resto de los libros de la casa (allí todo el mundo tenía y tiene conciencia clara de qué libros son de cada uno) mi madre me compró un "librerito blanco" que todavía se conserva. Tenía siete baldas y allí coloqué los libros regalados y otros que ya había ido adquiriendo.
En esa caja de libros venía "El misterioso caso de Styles" que resultó ser la primera novela que publicó Agatha Christie con ese nombre y esa temática y la primera que leí de las muchas que escribió, no sólo con ese nombre, tomado de su primer marido, sino también con el de Mary Wesmacott.
Después de esa primera novela, las he leído todas. Uno tras otro fueron llegando los títulos, que solía encontrar en cualquier lugar impredecible: en estaciones de autobuses, en aeropuertos, en quioscos o librerías. Todos, del primero al último.
Ya sé que hay quien piensa que son libros de segunda fila, pero creo que se equivocan. Para empezar, consiguen atraparte y trasladarte a la sosegada (pero misteriosa) campiña inglesa. Olvidarte de las preocupaciones ya es un logro que no se puede despreciar. Luego te acercan a unos modos y costumbres que, de otra manera, no podríamos entender. Quién me dice que ese acercamiento a los personajes de esta autora no fue el inicio de otras incursiones posteriores, en las Brönte, Jane Eyre, Jane Austen (sobre todo), Henry James y otros autores de novela inglesa y también americana (como Edith Wharton, en la misma línea)...
"Inocencia trágica", "El hombre del traje color castaño", "La señora McGinty ha muerto", "Tercera muchacha", "Los relojes", "Las manzanas", "Un cadáver en la biblioteca" son títulos que me vienen ahora a la cabeza sin pensar demasiado. Pero si tengo que elegir el que, para mí, es el mejor de todos, entonces tengo que hablar de "El asesinato de Rogelio Ackroyd", fantástica novela en la que la Christie emplea un recurso narrativo excepcional, que sólo pudo usar esa vez por razones obvias y que no desvelaré por si algún lector de este blog no la ha leído y decide buscarla, sentarse con ella y pasar unas horas inolvidables.

2 comentarios:

  1. ¡Qué sorpresa al ver de nuevo la portada de ese libro de Agatha Christie! Me ha transportado a mi adolescencia, cuando me quedaba leyendo de noche en mi cuarto y mi madre me decía desde la cocina, con voz suave; "Apaga la luuuuuz".
    Soy MªJesús. Soy casi vecina vuestra, porque trabajo en la Escuela El Carmen, de Tomares. Procuro despestar en la clase el amor por los libros, por la literatura, el deseo de acercarse a la lengua escrita... Es de los aspectos que más me gustan de mi profesión. Espero que podamos conocernos y quién sabe si alguna vez plantear una actividad juntos. ¡Un saludo y ánimo con vuestro blog!

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  2. Hola María Jesús, me alegra que sigas nuestro blog. No estaría mal hacer alguna actividad de pequeñines y grandullones conjuntamente. A ver si se nos ocurre algo. De momento, cuando os apetezca, podéis traerlos a visitar nuestra biblioteca.

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