domingo, 25 de octubre de 2009

"Cuentos por teléfono" de Gianni Rodari


Hace unos años no existían los móviles. Así que, cuando Gianni Rodari escribió su libro "Cuentos por teléfono", el aparato era de esos grandes que se colocaban en el salón o, cuando había más de uno, en el dormitorio. La niña del libro podía hablar con su padre, que estaba fuera, y oir alguno de esos maravillosos, extraños e indescifrables cuentos que Rodari inventó. El calor de su padre ausente estaba reflejado en las palabras que componen los cuentos. Así, no lo sentía lejos, pensaba que estaba al alcance de la mano y que todo era posible, toda la felicidad y toda la ternura. Cuando la niña fuera mayor recordaría con satisfacción y con ternura esas charlas en las que padre conjuraba la distancia a base de cuentos. La idea de contar, de relatar, de inventar historias para alguien, no es nueva, pero Rodari la aplica a la relación entre padre e hija y a un sistema curioso y moderno para su época, como el teléfono. Las historias que se relatan tienen gracia, chispa, ingenio, te hacen reír. También te hacen llorar y te hacen pensar. Reír, llorar y pensar, las tres actitudes que el libro te inspira la mayoría de las veces. 

Muchas actividades de animación a la lectura, las que se hacen para lograr que los niños se enganchen a algún libro y, de esa forma, a seguir leyendo, tenían como protagonista a Rodari y sus libros. De éstos, seguramente es "Cuentos por teléfono", el más original, tierno y agradable. Pero también está "La gramática de la fantasía", menos conocido pero también muy útil. 

Si alguien quiere, además, conocer de primera mano la página web de este escritor tan peculiar, cuya vida fue, en sí misma, una novela, puede mirar en este enlace italiano. En este enlace podemos ver algunas simpáticas fotografías de infancia y conocer detalles de su vida y de cómo sigue presente en muchos intentos pedagógicos de lograr que los niños y jóvenes se conviertan en felices lectores.

Si tienes que regalar un libro a un chaval de once, doce, incluso trece años, no lo dudes.

Biografía de Gianni Rodari (tomada de la página web de SM):

Gianni Rodari nació en Omenga, Italia, en 1920. Hijo de padres panaderos y huérfano de padre desde los nueve años, fue criado a partir de entonces por una tía y después educado en internados y seminarios. Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial, finalizó sus estudios de Magisterio y comenzó a trabajar como periodista en el diario Cinque Punte. 

Sus primeros textos literarios aparecieron en publicaciones como L’Ordine Nuevo firmando con el pseudónimo Francesco Aricocci. Pasó por varias publicaciones hasta que finalmente se incorporó y dirigió la revista mensual Il Giornale del Genitori. Con su pseudónimo publicó una recopilación de leyendas populares, Leyendas de nuestra tierra, y dos cuentos de corte fantástico: El Beso y La señorita Bibiana. 

Cuando trabajaba para el diario L’Unitá descubrió su vocación como escritor para los más pequeños. De aquella época (finales de los 40) nacieron las primeras narraciones cortas, humorísticas, coplas y retahílas ligadas a la poesía popular italiana y sus primeros libros para niños: El libro de las retahílas y Las aventuras de Cipollino. 

En la década de los 50 pasó de un periódico a otro, y siguió escribiendo textos que gustaban tanto a grandes como a pequeños; e iniciados los años 60 comenzó a recorrer las escuelas italianas, donde, a través del contacto directo y la interacción con los niños mientras leía sus cuentos, observó las reacciones de su audiencia y tomó notas para tratar de averiguar la técnica correcta a la hora de crear buenas historias. Pronto se convirtió en uno de los mejores escritores para niños. Durante esos años recorrió las escuelas italianas para contar historias, pero también para escuchar a los niños. Esta actividad culminó en la reescritura y publicación de Gramática de la Fantasía. Introducción al arte de contar historias. 

Los esfuerzos y la dedicación a la literatura infantil de Gianni Rodari tuvieron recompensa en 1970, cuando logró el Premio Hans Christian Andersen, el mayor galardón internacional para un escritor del género. 

Sus libros, cargados de humor, imaginación y una fantasía desbordante, no escaparon a una crítica del mundo actual con un lenguaje muy pintoresco, espontáneo y en ocasiones comprometido. 

Falleció en Italia en 1980.

jueves, 22 de octubre de 2009

Oh, los clásicos...


25 Lecturas Recomendadas Juveniles

Una mirada a los Clásicos de la Literatura Juvenil hecha por Literaturas.com

1.- Las Mil y una Noches
2.- Robin Hood. Anónimo
3.- Robinson Crusoe (1719). Daniel Defoe
4.- Viajes de Gulliver (1726). Jonathan Swift
5.- Ivanhoe (1819). Walter Scott
6.- El último de los mohicanos (1826). J. Fenimore Cooper
7.- Oliver Twist (1837). Charles Dickens
8.- Los tres mosqueteros (1844). Alejando Dumas
9.- Moby Dick (1851). Herman Melville
10.- La cabaña del Tío Tom (1852). Harriet Stowe
11.- Viaje al centro de la tierra (1864). Julio Verne
12.- Mujercitas (1868). Louisa May Alcott
13.- Las aventuras de Tom Sawyer (1876). Mark Twain
14.- La isla del tesoro (1883). Robert Louis Stevenson
15.- Sandokan (1883). Emilio Salgari
16.- Las minas del Rey Salomón (1885). Henry Rider Haggard
17.- Corazón (1886). Edmundo de Amicis
18.- El príncipe feliz (1888). Oscar Wilde
19.- El libro de las tierras vírgenes (1894). Rudyard Kipling
20.- Colmillo Blanco (1906). Jack London
21.- El mundo perdido (1912). Arthur Conan Doyle
22- Platero y yo (1914). Juan Ramón Jiménez23.- El principito (1943). Antoine de Saint Exúpery24.- El guardián en el centeno (1951). J. D. Salinger
25.- El Señor de los Anillos (1954). J.R.R. Tolkien


Veamos. De esta selección que propone Literaturas.com, ¿qué podemos decir? Mi selección personal se inclina por destacar los que os he puesto en color rojo. Supongo que cada uno puede hacer su propia selección.

Yo añadiría algunos títulos, sobre todo estos dos:


Pinocho

Alicia en el País de las Maravillas


sábado, 17 de octubre de 2009

El mundo de Sofía



"El mundo de Sofía" de Jostein Gaarder. El tema de reflexión: Nosotros y nuestro mundo.

“Sofía Amundsen volvía a casa después del Instituto. La primera parte del camino la había hecho en compañía de Jorunn. Habían hablado de robots. Jorunn opinaba que el cerebro humano era como un sofisticado ordenador. Sofía no estaba muy segura de estar de acuerdo. Un ser humano tenía que ser algo más que una máquina.
Se habían despedido junto al hipermercado. Sofía vivía al final de una gran urbanización de chalets, y su camino al Instituto era casi el doble que el de Jorunn. Era como si su casa se encontrara en el fin del mundo, pues más allá de su jardín no había ninguna casa más. Allí comenzaba el espeso bosque.
Giró para meterse por el Camino del Trébol. Al final había una brusca curva que solían llamar “Curva del Capitán”. Aquí sólo había gente los sábados y los domingos.
Era uno de los primeros días de mayo. En algunos jardines se veían tupidas coronas de narcisos bajo los árboles frutales. Los abedules tenían ya una fina capa de encaje verde.
¡ Era curioso ver cómo todo empezaba a crecer y brotar en esta época del año ¡ ¿Cuál era la causa de que kilos y kilos de esa materia vegetal verde saliera a chorros de la tierra inanimada en cuanto las temperaturas subían y desaparecían los últimos restos de nieve?
Sofía miró el buzón al abrir la verja de su jardín. Solía haber un montón de cartas de propaganda, además de unos sobres grandes para su madre. Tenía la costumbre de dejarlo todo en un montón sobre la mesa de la cocina, antes de subir a su habitación para hacer los deberes.
A su padre le llegaba únicamente alguna que otra carta del banco, pero no era un padre normal y corriente. El padre de Sofía era capitán de un gran petrolero y estaba ausente gran parte del año. Cuando pasaba en casa unas semanas seguidas, se paseaba por ella haciendo la casa más acogedora para Sofía y su madre. Por otra parte, cuando estaba navegando resultaba a menudo muy distante.
Ese día sólo había una pequeña carta en el buzón y era para Sofía.
“Sofía Amundsen”, ponía en el pequeño sobre. “Camino del Trébol, 3”. Eso era todo, no ponía quién la enviaba. Ni siquiera tenía sello.
En cuanto hubo cerrado la puerta de la verja, Sofía abrió el sobre. Lo único que encontró fue una notita, tan pequeña como el sobre que la contenía. En la notita ponía: ¿Quién eres?
No ponía nada más. No traía ni saludos ni remitente, sólo esas dos palabras escritas a mano con grandes interrogaciones.
Volvió a mirar el sobre. Pues sí, la carta era para ella. ¿Pero quién la había dejado en el buzón?"