jueves, 31 de diciembre de 2009

Miguel



Una vez los Reyes Magos, con la adecuada intervención de mi madre, me trajeron el disco de Serrat sobre Miguel Hernández. Antes de eso, y después, yo había leído toda su obra. La poesía y los libros biográficos, los ensayos sobre su vida y su obra.
Creo que conozco casi toda su poesía de memoria. Me quedo con su poesía amorosa, con "Cancionero y romancero de ausencia". El disco de Serrat ayudó muchísimo a que una gran cantidad de personas se acercaran a su obra y eso que no es un disco fácil, todo lo contrario.
Miguel Hernández fue un poeta peculiar. Hay quien lo considera un poeta menor, mediatizado por la política y por sus ideas. Pero creo que, quiénes esto opinan, no han leído con detalle su poesía, más allá de lo que en vida defendió y que pertenece a la esfera de sus convicciones que todos debemos respetar.
A mí me resulta un personaje entrañable, misterioso, que anda en la trastienda de la poesía, porque nunca estuvo en la misma onda de otros poetas, con vivencias diferentes y biografías más amables. A pesar de que ser poeta es muy duro. Ver la vida a través de los versos debe ser complicado, mucho más en momentos convulsos como los que a él, como a otros muchos, le tocó vivir.
En este año 2010 se celebra el primer centenario de su nacimiento. Hay una serie de actos programados por la Fundación que lleva su nombre, que quiere declarar este 2010 como Año Hernandiano. Mientras pensamos qué podemos hacer en el Instituto para acercar a los alumnos a este poeta, vamos a recordar su vida y su obra.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

La poesía de la música



Una ROSA es una ROSA

Una de mis profesoras de Francés del Bachillerato (se llamaba Lilina, era francesa, alta, guapa y elegantísima) usaba en sus clases las canciones de Salvatore Adamo. Ya sabéis, al menos los aficionados a la música francesa, que es un cantautor italo-belga (aunque cantaba siempre en francés) de enorme éxito, que conserva todavía en esos países, aunque en España no esté de actualidad. Más bien es un clásico, como clásicos son también algunos de sus temas: Mis manos en tu cintura, Inch Allah, Cae la nieve, La noche, etc.
Era un estupendo sistema para aprender el idioma utilizando algo que era de nuestro interés. Así que, como vemos, siempre ha habido y los habrá profesores innovadores, profesores que dan un paso adelante con imaginación, fantasía, ilusión. Son los profesores a los que les gusta enseñar y por ello mismo aquellos con quienes mejor se aprenden.
Hay, ahora mismo, profesores, que trabajan la Lengua Castellana y las lenguas extranjeras utilizando canciones o poemas. Vamos a centrarnos en los primeros. Las canciones (que son en muchos casos, cuando tienen calidad, verdaderos poemas sonoros) son un elemento muy cercano a los alumnos y, por eso mismo, enseñarles a través de ellas puede resultar útil y gratificante. La música es una maravillosa herramienta para el aprendizaje, además de un conocimiento en sí mismo (aunque, en este último aspecto, no nos vamos a parar ahora mismo).
Supongamos que un profesor toma letras de canciones de artistas como Joan Manuel Serrat, Carlos Cano o Luis Eduardo Aute. Encontrará un enorme vivero de posibilidades, todas ellas interesantes y, además, una buena predisposición por parte de su alumnado. Hay muchos otros intérpretes y grupos con temas musicales que son susceptibles de ser usados para aprender a leer, recitar, pronunciar, para dominar el lenguaje, en suma, que es de lo que se trata.
De todos ellos me gustaría comentaros algo más de Luis Eduardo Aute. Sus canciones tienen enormes posibilidades porque son muy variadas y tienen una poesía especial. Me parece un autor muy interesante para trabajar con él en el aula, independientemente de la edad de los alumnos ya que, dentro de su producción artística, tiene un poco de todo.
Hay muchas experiencias prácticas que nos indican lo valiosas que son las letras de las canciones para acercar a nuestros alumnos al lenguaje. Al fin y al cabo, se trata de que se familiaricen con lo que significa palabra y el contexto, algo que se puede lograr utilizando medios diversos. La ventaja de la música es que entra maravillosamente porque el sonido es un aspecto añadido que hace más fácil entender y asimilar los secretos del lenguaje.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Termina un cuento...

RUDOLF THE BAD

Rudolf vive en una gran ciudad, una ciudad con grandes rascacielos, con un enorme río, con puentes y con metro. En el metro viaja Rudolf por la ciudad, acompañado de su padre o, a veces, de sus dos primos. Rudolf tiene quince años y no se llama Rudolf, sino Jaime, pero esto no tiene la menor importancia para nuestra historia. Tampoco se apellida The Bad, pero, si alguno de los que leen esto es aficionado al cine, ya entenderá de dónde viene la cosa.

Resulta que Jaime o Rudolf vive en una urbanización con casas, chalets y pisos, todo a la vez. Y en esa urbanización pasan cosas muy, pero que muy raras. Por ejemplo, que desaparecen las cosas. Por ejemplo, que aparecen personas a las que nadie conoce (pero esto es una historia demasiado larga para referirla aquí). Por ejemplo, que los niños se preguntan asombrados cómo es posible que todo eso ocurra y que nadie parezca darse cuenta.

Rudolf y sus dos primos saben que las cosas desaparecen por lo de las banderas. En el Instituto donde estudian, a un par de calles de distancia de su urbanización, había banderas en el patio, rodeadas de césped y colocadas en unos palos muy altos. Bueno, pues las banderas, que eran por lo menos tres, representando cosas distintas, empezaron a desaparecer. En una ocasión desapareció la de la izquierda; después de reponerla, desapareció la del centro. Luego, la de la derecha. Repuestas todas, volvieron las desapariciones y, esta vez, no quedó ni una sola bandera ondeando al viento.

El director del Instituto y el jefe de estudios estaban muy molestos con todo aquello. Las banderas no eran muy caras pero les parecía un gamberrismo total eso de que fueran desapareciendo. Además, era una pena porque quedaban muy bonitas, allí en medio del césped, tan cuidado y verde y las banderas con esos colores llamativos y esos escudos en el centro de las telas.

Rudolf y sus primos se enteraron del tema de las banderas porque eran muy observadores y, cuando llegaba la hora del recreo, jugaban a que se convertían en detectives privados, privadísimos, y se lanzaban a investigar asesinatos, secuestros y demás maldades de la imaginación calenturienta de los novelistas que escribían los libros que a ellos les gustaba leer.

Como Rudolf quería ser de mayor creador de videojuegos pues estaba siempre muy ocupado observando a sus semejantes. Decía que de la vida se podían sacar personajes auténticamente estrafalarios y propios de los videojuegos más curiosos. Por eso se dedicaba a mirar lo que hacían los chavales del recreo y comentaba con sus primos todas las cosas que le resultaban asombrosas.

Así cayeron en la cuenta del tema de las banderas y casi ningún otro niño se percató del ir y venir de las banderas en los mástiles. Cuando el director decidió que iba a estar una temporadita sin reponer las banderas, porque le había costado ya un dinerito al Instituto y el encargado de arreglarlas y colocarlas estaba un poco harto, pues entonces fue cuando Rudolf y sus primos y también alguno más, se sentaron al pie de los mástiles y se pusieron a darle vueltas a la cabeza para intentar desentrañar el misterio.

¿Qué podía haber ocurrido con las banderas del Instituto? ¿Era un juego, una broma, una gamberrada? ¿Quién o quiénes serían los autores de tamaño desaguisado que tenía en vilo al conserje y al director?...



(Ahora entras tú en acción: Escribe las diez líneas finales de esta historia)

jueves, 17 de diciembre de 2009

La luz de la infancia



Días antes de llegar la Navidad, mi padre iba a la tienda de Celestino y compraba todos los dulces, los turrones, el jamón, todas las deliciosas chucherías que en esos días se iban a comer. Después, adornábamos la casa en una mezcla de tendencias, como diría hoy un estilista de decoración: un árbol de Navidad, un Nacimiento, guirnaldas, bolas de colores, piñas, angelitos en los cristales, espumillón, botas de San Nicolás, bandejas de polvorones, pequeños detalles repartidos por toda la casa...El verde y el rojo eran los colores de esos días y todo el mundo andaba sigiloso, teniendo mucho cuidado de no abrir determinados armarios o alacenas, porque allí, oh milagro, podía aparecer, en cualquier momento, un presente de los Reyes Magos. Siento deciros que Papá Noel se incorporó más tarde, pero, desde luego, cuando lo hizo, también contribuyó lo suyo a ese laberinto de paquetes y lazos que iban y venían de un lado a otro como si fuera un vodevil.

La Navidad reunía en la casa a todos los hermanos, a toda la gente que, de ordinario, andaba en sus ocupaciones y en sus estudios. Las edades diferentes, los gustos distintos, nada de eso importaba. Lo suyo era empezar el día a buena hora, con el portón abierto y la mesa preparada con mantecados, alfajores y amarguillos, con Pan de Cádiz y mazapán, para que la llegada de los amigos, de los vecinos (sobre todo, de las vecinas) pudiera acompañarse de un rato de charla, de un buen café y una copita, cuando el día era más frío.

La casa era un continuo trasiego de gente, algunas veces disfrazadas de mil cosas, reviviendo los disfraces de carnaval, que se guardaban en el gran baúl oscuro, que se abría de vez en cuando. Los disfraces le daban un aire peculiar a la nochebuena, porque, después de la cena en familia, todos nos lanzábamos a la calle (nuestra calle, ese paraíso de la felicidad que todos llevamos en el corazón) y así, de casa en casa, llegaba el amanecer, cantando, bailando y riendo.

Después del año viejo, llegaba el nuevo (y con él, el único día del año en que mi padre tomaba vacaciones). Día grande, de almuerzo familiar, de trajes nuevos y de regalos. Cercano ya el final de las vacaciones, el gran espectáculo, el maravilloso mundo de los Reyes Magos. Secretos bien guardados, cuchicheos, cartas que iban y venían, Cabalgatas que apenas tenían caramelos (porque no era esa fastuosa Cabalgata sevillana, sino otra más pequeña, sencilla y sin alardes). Noches de no dormir y de despertares con sorpresa. Cajas cubiertas de brillantes colores, muñecas (sobre todo), el barco pirata, los playmovil, los Juegos Reunidos, las bicis, y, siempre, sin discusión, los "avíos del colegio", los libros y los discos.

Bendita luz de la infancia que se fue y que, por mucho que quiera revivirse, ya nunca volverá sino en nuestros recuerdos.

domingo, 13 de diciembre de 2009

Niños que escriben



Esta mañana he estado en un acto muy agradable. Se han entregado los premios literarios de la Feria del Libro del Aljarafe, que se ha celebrado en Tomares durante varios días. Por primera vez en esta Feria ha habido premios para niños y jóvenes, tanto para narrativa como para poesía. Los ganadores han leído sus poemas y relatos, dando al acto un aire entrañable.
Viendo y oyendo a esos niños he reflexionado sobre algo en lo que pienso a menudo: el imprescindible, importantísimo e ineludible papel que la lectura tiene en la formación de las personas. Si fuéramos capaces de fomentar la lectura y de conseguir que el número de lectores fuera verdaderamente alto, entonces el sistema educativo, la educación, tendría grandes posibilidades de mejorar.
Ese es nuestro punto débil o, al menos, uno de ellos. Habría mucho que decir al respecto pero en este blog me quedo con la sensación de que esos niños que tenía delante, niños que leyeron sus textos ante un auditorio, quizá por primera vez, están recorriendo el camino adecuado en su educación. El que va de saber leer, de leer, a escribir. Porque cuando uno es capaz de plasmar por escrito lo que sabe, piensa o siente, ha completado una gran parte de su formación. El lenguaje configura el pensamiento, eso ya lo han dicho especialistas de distinto signo que se han preocupado de estudiar la forma en la que el ser humano llega a conseguir hablar y convertir en palabras lo que ve. En su libro "El habla del niño" Bruner nos acerca a esta incontestable cuestión y lo mismo han hecho otros autores que han trabajado sobre el desarrollo en la edad infantil, como Miguel Ángel Zabalza.
Desde el punto de vista de los padres, todo el tiempo que uno dedica a sentarse con el niño y mostrarle palabras, dibujos que representan esas palabras, realidades, ideas por escrito, es tiempo ganado. De esos libros primeros con pastas duras, pocas palabras y muchas imágenes, el niño lector irá subiendo escalones y, si esos escalones los sube con sus padres, mucho mejor. Los niños lectores, los que entienden lo que leen, son capaces de traducir en palabras las preguntas que se les formulan, tienen un vocabulario amplio y razonan convenientemente, son los niños que han recorrido el largo camino de la lectura y de la escritura.
Quizá los profesores no valoramos suficientemente esta cuestión. O tal vez sí la valoramos pero pensamos que el niño tiene que leer en otro sitio o "venir leído de casa". Pero todo el tiempo que le dediquemos a la lectura será tiempo ganado. No solamente en la clase de Lengua (aunque sí fundamentalmente) sino en el resto de las materias, pues si un niño no sabe leer bien (y esto no es lectura mecánica, sino comprensiva también) ¿cómo va a entender nada?
Demasiadas veces oímos a profesores decir que el problema no está en tal o cual concepto sino en entender las preguntas, en dominar el instrumento básico que es el lenguaje, tanto escrito como oral. Si esto es así, ¿por qué no emprendemos la gran tarea de conseguir que la lectura sea el centro de nuestra actividad escolar?
Como ha dicho hoy en el acto el escritor y profesor Eliacer Cansino: "atrévete a leer". Pongamos en marcha un plan sistemático, cuidadoso y continuado para introducir la lectura y la escritura de textos en nuestro trabajo cotidiano en el aula, independientemente de la asignatura que estemos impartiendo. Libros, libros, libros, en el aula, para hacerles llegar a los alumnos el sentido máximo del lenguaje, única forma de que luego puedan seguir avanzando.
Hay quien dice: "sé lo que quiero decir, pero no me salen las palabras". No, no sabes lo que quieres decir, porque si las palabras no llegan a ti como deben, es que tu pensamiento no está correctamente configurado, es que te falla lo elemental.
Vamos a convertirnos en activistas de la lectura, en decididos promotores del trabajo escolar en torno a la palabra, oral y escrita. Podemos fijarnos, si queremos, en el ejemplo de Finlandia, que tan buenos resultados logra en todos los stándares educativos. En Finlandia, la lectura es lo primero, a pesar de que no aprenden a leer hasta los seis o siete años. Activistas de la lectura en nuestras aulas y en nuestro instituto, llevando libros a las clases y valorando el trabajo que el alumno hace al leer, exponer, hablar, comentar, debatir, razonar, escribir.
Esta mañana algunos niños demostraron que estaban recorriendo el camino correcto. La niña pequeña que llevaba el vestidito a cuadros y leyó una poesía, escrita por ella, con una rima esdrújula. El niño que estaba tan contento de vivir en Tomares y describía el pueblo con sonoros adjetivos. Nuestras alumnas, la de primero de ESO y la de cuarto de ESO. Ésta última, ganadora ya en otras ocasiones de premios literarios y que se revela como una escritora en ciernes, con personalidad, sentimientos y calidad. Atentos a Victoria que, como su nombre indica, navegará seguro entre los premios literarios en el futuro.
¿Activistas de la lectura?
Pues sí: atrévete a leer.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Némirovsky, rescatada


Hace un par de años descubrí a Irène Némirovsky. La editorial Salamandra publicó un librito muy fino con pocas páginas, que se llamaba "El baile": una adolescente de doce años en constante lucha con su atroz mamá.
Después de eso, como ocurre tantas otras veces, me dediqué a buscar la obra de esta autora y a conocer cosas de ella. Para los lectores de este blog que no la conozcan diremos que nació en Kiev en 1903 y murió en 1942 en el campo de concentración de Auschwitz. Su familia se estableció en París, en el año 1919, huyendo de la revolución bolchevique y allí estudió en la Sorbona. Poseía una educación exquisita y se licenció en Letras. En 1929 comenzó su carrera literaria con la publicación de la novela "David Golder" en la editorial francesa Grasset. Su enorme fama y prestigio no impidió que fuera deportada al campo de exterminio donde murió. Allí murió también su marido y sus hijas huérfanas fueron las que conservaron, en una vieja maleta, los papeles de su madre, que resultaron contener un tesoro en textos escritos. Entre esos papeles estaba el manuscrito de una obra que dejó inédita y, quién sabe si inacabada. Se trata de "Suite francesa" en la que se destila toda la amargura y la tristeza de quien presiente que la sinrazón acabará con todo, incluso con una prometedora carrera literaria, con un matrimonio, una familia y, en general, con la vida.
Además de estas tres obras que os he citado recorriendo un poco su vida, otra obra inédita llegó a las librerías recientemente. La editorial Salamandra puso en las librerías "El ardor de la sangre" extraordinaria novela que se desarrolla en una tranquila ciudad de provincias francesa a principios de los años treinta. Allí viven esos personajes, cuyo destino se ve truncado por la vuelta de los fantasmas del pasado, que acechan y que impedirán que la vida plácida vuelva a ser lo que era para todos ellos.
Impresionante. Os recomiendo toda la obra de Nèmirovsky. Podéis empezar por cualquiera, aunque yo lo haría por "El ardor de la sangre" y "El baile". Solamente después podemos abordar "Suite francesa" con la suficiente visión de la autora para entenderla.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Todo Marlowe





Si eres amante de la novela negra y has soñado en el cine viendo a Bogart, no te pierdas este libro recopilatorio de todos los títulos que escribió Raymond Chandler teniendo como protagonista a Philip Marlowe. El sueño eterno, Adiós muñeca, La ventana alta, La dama del lago, La hermana pequeña, El largo adiós, El confidente, El lápiz y Playback aparecen en una edición de RBA con el título general "Todo Marlowe" para deleite de todos aquellos que son incondicionales del género y del autor, o, por qué no, del personaje.
El Hollywood y Los Ángeles de los años treinta son el telón de fondo de estas obras, con su legión de millonarios, diletantes, chicas rubias, chicas morenas, descapotables, berlinas, hombres de negocios, bandidos, mafiosos y gente de cabaret.
Es verdad que la imagen de la sociedad que ofrecen es turbia y poco afectuosa. Pero también lo es que el género negro, tanto en el cine como en la novela, proporciona un pasmoso entretenimiento. El que sucede cuando uno está convencido de que aquello que lee o ve es imposible de que ocurra en la realidad.
¿O no?

sábado, 14 de noviembre de 2009

Pasito a pasito...

(Sin título. Ignacio Tovar)

Conozco a un muchacho que comenzó leyendo (sin saber leer) los libros de pastas duras que incluían enormes dibujos con los nombres de las cosas: sillas, mesas, zapatos, casas...
Después, vinieron los libros de cuentos. Luego, los de Teo. Más tarde, los Mortadelos (todos los Mortadelos, risas, ironía a partes iguales). A continuación, Astérix y Tintín. A partir de ahí, casi todo.

Como esa canción que cantaban mis preescolares del colegio de la Compañía de María:
"Pasito a pasito
pasazo a pasazo
como un enanito
como un gigantazo..."

Así, paso a paso, se hace uno lector. No de un día para otro (aunque quizá un día se produzca el milagro del encuentro). Es tarea lenta, prodigiosa, diaria. Tiene mucho que ver con observar a los papás leyendo y también con que en el aula haya libros. Libros encima de las mesas y en las estanterías. El profesor levantando un libro y leyendo algunos renglones. Si no olvidáramos nunca lo que significa el placer de leer, nos daríamos con toda la fuerza del mundo a la tarea de hacer lectores, antes que otra cosa...
¿Cuánto tiempo a la semana dedicamos a leer en casa con nuestros hijos y a leer en clase con nuestros alumnos? He aquí la cuestión.
Podemos proponernos una tarea sencilla: Comenzar las clases con una frase de un libro de un autor cualquiera. Las primeras frases podemos seleccionarlas nosotros, de aquellos libros que nos gustan y nos acompañan. Pero, ¿por qué no? otras las pueden traer pensadas y escritas nuestros alumnos. A ver, ¿quién quiere comenzar la próxima clase con una frase? Sí, vale, tú mismo. Esperamos que nos la traigas.
Quizá, haciendo esto, algunos niños que no han tenido la suerte de tener a su favor los bienes que la naturaleza concede a otros, puedan comenzar a hacer algo útil en el aula. Esto les dará un sitio que antes no tenían. Quizá el profesor, al observar que tal o cual niño habla poco, no tiene amigos o se esconde al final para que no se note que está allí, pueda encargarle que sea él quien abra la próxima clase con una frase. A lo mejor nos sorprendemos con los resultados.
Porque las palabras pueden salvar, de eso estoy segura. Son un refugio contra la soledad y, también, por qué no decirlo, contra la mediocridad y la rutina. También para los niños...

sábado, 7 de noviembre de 2009

Un misterio cotidiano


Muchas veces nos preguntamos cómo podemos lograr que los niños se conviertan en lectores. Supongo que, al final, todo consiste en que haya un momento en su vida en el que encuentren un libro, unos libros, que les atrapen para siempre. Existen algunas personas que menosprecian ciertas lecturas: consideran que son demasiado simples, inferiores, carentes de enjundia literaria y sospechan que, a través de ellas, lo más que se puede llegar a leer son unos cuántos best-sellers.

Mi experiencia contradice estas afirmaciones. Cuando tenía doce años, más o menos, mi vecina Pepita puso en la puerta de su casa, enfrente de la mía, una caja de libros. Estaba haciendo limpieza en un desván y los libros le estorbaban. Como sabía que a mí me gustaba leer (y que leía todo el rato en lugar de ayudar en la casa, hacer labores, etc.) me avisó y, enmedio de la calle, me recuerdo sentada rebuscando entre los libros. Creo que me los quedé casi todos y así comencé mi propia biblioteca, algo que todo el mundo tiene que tener. Para distinguir esos que eran mis propios libros del resto de los libros de la casa (allí todo el mundo tenía y tiene conciencia clara de qué libros son de cada uno) mi madre me compró un "librerito blanco" que todavía se conserva. Tenía siete baldas y allí coloqué los libros regalados y otros que ya había ido adquiriendo.

En esa caja de libros venía "El misterioso caso de Styles" que resultó ser la primera novela que publicó Agatha Christie con ese nombre y esa temática y la primera que leí de las muchas que escribió, no sólo con ese nombre, tomado de su primer marido, sino también con el de Mary Wesmacott.

Después de esa primera novela, las he leído todas. Uno tras otro fueron llegando los títulos, que solía encontrar en cualquier lugar impredecible: en estaciones de autobuses, en aeropuertos, en quioscos o librerías. Todos, del primero al último.

Ya sé que hay quien piensa que son libros de segunda fila, pero creo que se equivocan. Para empezar, consiguen atraparte y trasladarte a la sosegada (pero misteriosa) campiña inglesa. Olvidarte de las preocupaciones ya es un logro que no se puede despreciar. Luego te acercan a unos modos y costumbres que, de otra manera, no podríamos entender. Quién me dice que ese acercamiento a los personajes de esta autora no fue el inicio de otras incursiones posteriores, en las Brönte, Jane Eyre, Jane Austen (sobre todo), Henry James y otros autores de novela inglesa y también americana (como Edith Wharton, en la misma línea)...

"Inocencia trágica", "El hombre del traje color castaño", "La señora McGinty ha muerto", "Tercera muchacha", "Los relojes", "Las manzanas", "Un cadáver en la biblioteca" son títulos que me vienen ahora a la cabeza sin pensar demasiado. Pero si tengo que elegir el que, para mí, es el mejor de todos, entonces tengo que hablar de "El asesinato de Rogelio Ackroyd", fantástica novela en la que la Christie emplea un recurso narrativo excepcional, que sólo pudo usar esa vez por razones obvias y que no desvelaré por si algún lector de este blog no la ha leído y decide buscarla, sentarse con ella y pasar unas horas inolvidables.

martes, 3 de noviembre de 2009

Francisco Ayala no cumplirá 104 años

Hablábamos esta mañana de los achaques y de la edad. A la vuelta del Instituto me he encontrado con la noticia de la muerte de Francisco Ayala, uno de los escasos intelectuales que aún quedaban en España. Ayala nos daba alegría, porque era un hombre muy vital que hacía fácil la vejez. Se casó con Carolyn Richmond nada menos que a los 93 años y estaba dispuesto a llegar a los 104 si no hubiera sido por una inoportuna y pertinaz bronquitis. Hacía bueno el dicho de que el hombre que conserva el gusto por la vida logra detener el final.

Aquí os añado el eco de su muerte en distintos periódicos digitales: El Mundo, El País, ABC, La Vanguardia. También su biografía, sacada de ESCRITORES.ORG y, por último, un blog en el que se recoge su desaparición.

Merece la pena detenerse en su obra y pensar en la extraordinaria capacidad que le dio vida plena hasta tan tarde.

http://www.abc.es/20091103/cultura-literatura/muere-francisco-ayala-200911031356.html


http://www.papelenblanco.com/escritores/con-francisco-ayala-muere-una-de-las-mejores-bibliotecas-del-siglo-xx


http://www.escritores.org/ayala.htm


http://www.elmundo.es/elmundo/2009/11/03/cultura/1257253079.html


http://www.lavanguardia.es/cultura/noticias/20091103/53816729236/fallece-el-escritor-francisco-ayala.html


http://www.elpais.com/articulo/cultura/Muere/Francisco/Ayala/gran/testigo/literatura/espanola/siglo/XX/elpepucul/20091103elpepucul_3/Tes

domingo, 25 de octubre de 2009

"Cuentos por teléfono" de Gianni Rodari


Hace unos años no existían los móviles. Así que, cuando Gianni Rodari escribió su libro "Cuentos por teléfono", el aparato era de esos grandes que se colocaban en el salón o, cuando había más de uno, en el dormitorio. La niña del libro podía hablar con su padre, que estaba fuera, y oir alguno de esos maravillosos, extraños e indescifrables cuentos que Rodari inventó. El calor de su padre ausente estaba reflejado en las palabras que componen los cuentos. Así, no lo sentía lejos, pensaba que estaba al alcance de la mano y que todo era posible, toda la felicidad y toda la ternura. Cuando la niña fuera mayor recordaría con satisfacción y con ternura esas charlas en las que padre conjuraba la distancia a base de cuentos. La idea de contar, de relatar, de inventar historias para alguien, no es nueva, pero Rodari la aplica a la relación entre padre e hija y a un sistema curioso y moderno para su época, como el teléfono. Las historias que se relatan tienen gracia, chispa, ingenio, te hacen reír. También te hacen llorar y te hacen pensar. Reír, llorar y pensar, las tres actitudes que el libro te inspira la mayoría de las veces. 

Muchas actividades de animación a la lectura, las que se hacen para lograr que los niños se enganchen a algún libro y, de esa forma, a seguir leyendo, tenían como protagonista a Rodari y sus libros. De éstos, seguramente es "Cuentos por teléfono", el más original, tierno y agradable. Pero también está "La gramática de la fantasía", menos conocido pero también muy útil. 

Si alguien quiere, además, conocer de primera mano la página web de este escritor tan peculiar, cuya vida fue, en sí misma, una novela, puede mirar en este enlace italiano. En este enlace podemos ver algunas simpáticas fotografías de infancia y conocer detalles de su vida y de cómo sigue presente en muchos intentos pedagógicos de lograr que los niños y jóvenes se conviertan en felices lectores.

Si tienes que regalar un libro a un chaval de once, doce, incluso trece años, no lo dudes.

Biografía de Gianni Rodari (tomada de la página web de SM):

Gianni Rodari nació en Omenga, Italia, en 1920. Hijo de padres panaderos y huérfano de padre desde los nueve años, fue criado a partir de entonces por una tía y después educado en internados y seminarios. Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial, finalizó sus estudios de Magisterio y comenzó a trabajar como periodista en el diario Cinque Punte. 

Sus primeros textos literarios aparecieron en publicaciones como L’Ordine Nuevo firmando con el pseudónimo Francesco Aricocci. Pasó por varias publicaciones hasta que finalmente se incorporó y dirigió la revista mensual Il Giornale del Genitori. Con su pseudónimo publicó una recopilación de leyendas populares, Leyendas de nuestra tierra, y dos cuentos de corte fantástico: El Beso y La señorita Bibiana. 

Cuando trabajaba para el diario L’Unitá descubrió su vocación como escritor para los más pequeños. De aquella época (finales de los 40) nacieron las primeras narraciones cortas, humorísticas, coplas y retahílas ligadas a la poesía popular italiana y sus primeros libros para niños: El libro de las retahílas y Las aventuras de Cipollino. 

En la década de los 50 pasó de un periódico a otro, y siguió escribiendo textos que gustaban tanto a grandes como a pequeños; e iniciados los años 60 comenzó a recorrer las escuelas italianas, donde, a través del contacto directo y la interacción con los niños mientras leía sus cuentos, observó las reacciones de su audiencia y tomó notas para tratar de averiguar la técnica correcta a la hora de crear buenas historias. Pronto se convirtió en uno de los mejores escritores para niños. Durante esos años recorrió las escuelas italianas para contar historias, pero también para escuchar a los niños. Esta actividad culminó en la reescritura y publicación de Gramática de la Fantasía. Introducción al arte de contar historias. 

Los esfuerzos y la dedicación a la literatura infantil de Gianni Rodari tuvieron recompensa en 1970, cuando logró el Premio Hans Christian Andersen, el mayor galardón internacional para un escritor del género. 

Sus libros, cargados de humor, imaginación y una fantasía desbordante, no escaparon a una crítica del mundo actual con un lenguaje muy pintoresco, espontáneo y en ocasiones comprometido. 

Falleció en Italia en 1980.

jueves, 22 de octubre de 2009

Oh, los clásicos...


25 Lecturas Recomendadas Juveniles

Una mirada a los Clásicos de la Literatura Juvenil hecha por Literaturas.com

1.- Las Mil y una Noches
2.- Robin Hood. Anónimo
3.- Robinson Crusoe (1719). Daniel Defoe
4.- Viajes de Gulliver (1726). Jonathan Swift
5.- Ivanhoe (1819). Walter Scott
6.- El último de los mohicanos (1826). J. Fenimore Cooper
7.- Oliver Twist (1837). Charles Dickens
8.- Los tres mosqueteros (1844). Alejando Dumas
9.- Moby Dick (1851). Herman Melville
10.- La cabaña del Tío Tom (1852). Harriet Stowe
11.- Viaje al centro de la tierra (1864). Julio Verne
12.- Mujercitas (1868). Louisa May Alcott
13.- Las aventuras de Tom Sawyer (1876). Mark Twain
14.- La isla del tesoro (1883). Robert Louis Stevenson
15.- Sandokan (1883). Emilio Salgari
16.- Las minas del Rey Salomón (1885). Henry Rider Haggard
17.- Corazón (1886). Edmundo de Amicis
18.- El príncipe feliz (1888). Oscar Wilde
19.- El libro de las tierras vírgenes (1894). Rudyard Kipling
20.- Colmillo Blanco (1906). Jack London
21.- El mundo perdido (1912). Arthur Conan Doyle
22- Platero y yo (1914). Juan Ramón Jiménez23.- El principito (1943). Antoine de Saint Exúpery24.- El guardián en el centeno (1951). J. D. Salinger
25.- El Señor de los Anillos (1954). J.R.R. Tolkien


Veamos. De esta selección que propone Literaturas.com, ¿qué podemos decir? Mi selección personal se inclina por destacar los que os he puesto en color rojo. Supongo que cada uno puede hacer su propia selección.

Yo añadiría algunos títulos, sobre todo estos dos:


Pinocho

Alicia en el País de las Maravillas


miércoles, 16 de septiembre de 2009

Recomendaciones para el otoño que empieza


Aunque el tiempo de la lectura es el verano, con sus tardes largas y con sus horas perdidas (las horas lentas, como decía mi amiga Isabel Álvarez), también el otoño es un buen momento para leer. Y además, así sentiremos que parte de esa ilusión de las vacaciones sigue perviviendo. A mí me gustaría encontrar tiempo y posibilidades para ver, a través de mi terraza de Triana, algo del reflejo del mar de Valdelagrana, ése frente al que he encontrado el recuerdo de lo que soy y de lo que fui.

Os recomiendo que busquéis por ahí el libro "La ternura de los lobos" de Stef Penney. Lo ha editado Salamandra y puedo decir que es un libro que nunca pensé haber leído. Es más, que nunca pensé que me gustaría leer. Y, a pesar de esas prevenciones, lo he leído de un tirón y he disfrutado de su lectura inmensamente. Este es el libro con el que inicié el tiempo del verano (oh, no, acabo de recordar que fue otro, del que también os hablaré). Resulta que en ese momento crucial en el que una tiene que cerrar la puerta al curso escolar y abrir el tesoro de las vacaciones, ese libro (y el otro que os citaré) estaban ahí.

Llegué a él por el título, mejor, por la portada, de colores suaves y agradable tacto. Su argumento devastador y el lugar inhóspito en el que se desarrolla pueden hacernos pensar que no se compagina con la levedad del verano. Pero es imposible abandonarlo una vez comenzado y su olor, tan característico, la humedad, la nieve, la dureza de la vida de los tramperos canadienses, la muerte y el descubrimiento, saltan de sus páginas y así, después de todo, hemos entrado en él inopinadamente.

Aunque ya estemos metidos en las olas imparables de otro nuevo año escolar, no desaprovechéis la ocasión de buscarlo. Yo también lo haría, si no fuera porque tuve la suerte de encontrarlo antes.